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jueves, 19 de marzo de 2009

¿Es compatible la sociedad del bienestar con una cultura de muerte?


Una primera consecuencia clara que se deriva en estos casos -tanto en la práctica de la eutanasia como en el suicidio asistido- es que se descuida, al menos se empobrece, el desarrollo de los cuidados paliativos

El 6 de marzo del 2009 el estado americano de Washington implementa la ley del suicidio asistido con “Death With Dignity” Act Legalizing Assisted Suicide. Se trata de la Initiative 1000, la legalización del suicidio asistido para pacientes terminales que "permite a los pacientes con una expectativa de vida diagnosticada inferior a seis meses, que se les prescriba una dosis mortal de medicamentos".

Por otro lado, el debate sobre la eutanasia también suele girar en torno a casos límite. Pero la ley se hace para la generalidad y por eso es necesario atender a los resultados de los pocos países que la han legalizado. El Dr. Herbert Hendin, catedrático de Psiquiatría en el New York Medical College y una autoridad en la prevención del suicidio acaba de escribir un libro, Seducidos por la muerte, sobre la aplicación de la eutanasia en diversos países.

Una primera consecuencia clara que se deriva en estos casos es que se descuida el desarrollo de los cuidados paliativos, empobreciendo así la opción para la mayoría de los pacientes que desean terminar su vida por un proceso natural, con la asistencia de los cuidados paliativos.

Muchas de las razones que llevan a los defensores de la eutanasia provienen de experiencias personales dolorosas, pero que en muchos casos se guían por razonamientos sentimentales, por ejemplo, la experiencia traumática de la muerte con dolor de un familiar o de un ser querido; han quedado convencidos de que la legalización de la eutanasia es la única manera de prevenir el sufrimiento que vieron. Así ocurrió en el caso de la Dra. Marcia Angell, defensora de la eutanasia y editora del New England Journal of Medicine, que publicó la historia de la muerte de su padre como argumento para la legalización del suicidio asistido.

La ley supone una amenaza "especialmente para las personas vulnerables, que están en riesgo de marginación a causa de la concepción individualista y utilitarista de la vida", sobre todo "las personas ancianas, los que carecen de asistencia médica adecuada, los minusválidos y quienes no tienen apoyo familiar".

En el caso de la nueva ley "Convirtiendo el suicidio en una opción médica que puede ejercerse sin consultar a la familia y a los amigos altera radicalmente la relación médico-paciente", y además "puede poner la decisión sobre la vida y la muerte en manos de las compañías de seguros, que podrían ser motivadas sólo por la ganancia y no por el interés del paciente", se dice en una carta “Respecting Life at the End of Life” presentada con motivo del referéndum el pasado noviembre del 2008 por sectores en defensa de la vida.

Tanto la ley de la eutanasia como la del suicidio asistido se encuadran en una cultura de muerte que en nada propicia una sociedad de bienestar auténtico.

Fuente: Canal Social Noticias
06.03.09

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