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miércoles, 25 de marzo de 2009

LOS NIÑOS ABORTADOS SIN BAUTIZAR ¿A DÓNDE VAN? ¿SE SALVAN O SE CONDENAN?


SÚPLICA POR LOS NIÑOS EN
PELIGRO DE SER ABORTADOS

Jesús, María y José, os
suplico que protejáis la
vida de los niños no nacidos
en peligro de ser abortados, a
los que adopto espiritualmente.

Los niños abortados sin bautizar, ¿adónde van?; ¿se salvan o se condenan?

La tradición coloca a estos niños en el limbo de los niños. Esta expresión limbo viene del latín, "limbus", que significa la orla del vestido, su reborde o límite final. Se alude con ello al lugar donde se cree que está situado el limbo, esto es, junto al infierno, al borde o en los límites del mismo. Esta expresión no aparece en las Sagradas Escrituras. Uno de los primeros en usarla es San Alberto Magno, maestro de Santo Tomás, en el Comentario al IV libro de las Sentencias de Pedro Lombardo (distinción 44-45, y distinción I, a. 20).

La doctrina de la Iglesia ha colocado a los niños no bautizados en el limbo de los niños. He aquí algunos textos:

Primero: La respuesta del Papa Pío VI (1717-1799), al obispo cismático de Pistoya, Escipión Ricci, acerca de los que mueren con sólo el pecado original:

"La doctrina según la cual debe ser rechazado como una fábula pelagiana aquel lugar de los infiernos (que los fieles suelen designar con el nombre de limbo de los niños), en el cual las almas de los que mueren con sólo el pecado original son castigadas con la pena de daño sin la pena de fuego -como si descartar de estas almas la pena de fuego fuera resucitar la fábula pelagiana según la cual habría un lugar y un estado intermedio, exento de culpa y de pena, entre el reino de los cielos y la condenación eterna, es falsa, temeraria e injuriosa a las escuelas católicas" (Denzinger, 1526)

Segundo. En la profesión de fe de Miguel Paleólogo, propuesta por Clemente IV en 1267 y sometida después al concilio segundo de Lyón (a. 1274), se dice que "las almas de los que mueren en pecado mortal, o con sólo el original, descienden en el acto al infierno, para ser castigados con penas distintas o dispares (Denzinger, 464). Lo mismo enseñó poco después (1321) el Papa Juan XXII, pero añadiendo que son castigadas "con penas y lugares distintos" (Denzinger, 493 a). La misma declaración del concilio de Lyon vuelve a encontrarse en el de Florencia (1439) y con sus mismas palabras (Denzinger, 693).

Tercero. Las diversas hipótesis lanzadas para llevar al cielo a los que han ingresado en el limbo, han sido puestas en el Indice de libros prohibidos, o han sido rechazadas por los teólogos (pueden verse algunas de estas teorías en los artículos Baptéme, y Limbes, del Dictionnaire de Theologie Catholique).

Cuarto. En Santo Tomás el tema del limbo de los niños tiene la siguiente consideración:

a. Va a distinguir primero en la Suma Teológica, III, q. 69, a. 5, entre el limbo de los justos (el seno de Abrahám) y el infierno. Entre ambos lugares hay diferencia. El limbo de los padres, o el seno de Abrahám, es el lugar donde residían las almas justas del Antiguo Testamento en espera de la Redención de Cristo. Este lugar quedó vacío luego de la obra salvadora de Cristo y ya no existe hoy. El infierno, en cambio, es el lugar de los condenados, de los que nunca más van a entrar en el cielo.

b. También se pregunta si el limbo de los niños es lo mismo que el de los justos. La respuesta es negativa.

"Sin duda alguna difiere el limbo de los padres y el de los niños por la calidad del premio y del castigo; pues no luce en los niños la esperanza de vida eterna, como en los padres del limbo, en quienes también brillaba la luz de la fe y de la gracia" (III, 69, 6).

c. En cuanto al castigo de los niños que están en el limbo, se encuentra, por un lado, en Santo Tomás, el Comentario a las Sentencias de Pedro Lombardo (II Sent., distinción 33, cuestión 2 artículo 2) y por otro lado su Cuestión disputada De Malo, 5, 3. Escuchemos a un teólogo de nuestros días explicitando la doctrina del Aquinate en esta última obra:

"Ya maduro, el razonamiento anterior no debió parecerle del todo convincente al propio Santo Tomás, puesto que razona de diferente manera. En la cuestión disputada De Malo - escrita entre 1269 y 1271, o sea, unos 15 años después - da una razón más clara y sencilla para llegar a la misma conclusión: los niños del limbo ignoran que hubieran podido llegar a la visión beatífica y, por lo mismo, no pueden tener ninguna tristeza por su privación, según aquello de que ignoti, nulla cupido: no se puede desear lo que se ignora. Y que los niños del limbo ignoran esa posibilidad, es cosa clara si se tiene en cuenta que la razón natural no puede sospechar la existencia o posibilidad de la visión beatífica, ya que se trata de una realidad estrictamente sobrenatural, que únicamente la fe nos la da a conocer; y como los niños del limbo nunca tuvieron fe sobrenatural ni en acto ni en hábito (ya que el hábito o virtud de la fe se nos infunde con la gracia bautismal) hay que concluir que ignoran en absoluto la existencia o posibilidad de la visión beatífica.

Por donde se ve que la "pena de daño" de los niños del limbo es diferentísima de la que padecen los condenados del infierno y aun las mismas almas del purgatorio. He aquí sus principales diferencias:
«a. Los condenados del infierno saben que hubieran podido alcanzar la vida eterna, que consiste substancialmente en la visión y posesión fruitiva de Dios; y al ver que por su propia y voluntaria culpa perdieron para siempre ese Bien infinito sin esperanza de remedio, experimentarán una tristeza y desesperación espantosas. Esta es la verdadera y definitiva 'pena de daño' en toda la extensión de la palabra.

b. Las almas del purgatorio experimentan en otra forma la llamada 'pena de daño' en cuanto que se les retrasa por su propia culpa la posesión de ese Bien infinito por la visión y goce beatífico. Ello les produce también un dolor inmenso, aunque muy diferente del de los condenados del infierno. Porque, estando íntimamente unidas a Dios por la caridad, ya le poseen realmente aunque no le gocen, y saben, además, ciertísimamente que saldrán a su debido tiempo del purgatorio para gozar eternamente de la visión beatífica. Se trata de un simple compás de espera, de un simple retraso; no de una pérdida total y definitiva, como la que afecta a los condenados. La diferencia es grandísima.

c. Los niños del limbo ignoran en absoluto que exista la visión beatífica. Y por eso, aunque en realidad permanecerán eternamente privados de ella (y en este sentido meramente privativo están en las mismas condiciones que los condenados del infierno) sin embargo no padecen por ello pena ni tristeza alguna, ya que ignoran en absoluto que hubieran podido poseer aquel tesoro divino. O sea que su 'pena de daño' es objetivamente infinita (como en los condenados), pero subjetivamente nula (ignoran que la tienen)" (P. Royo Marín, O.P., La teología de la salvación, BAC, Madrid, 1966, p. 390).

Quinto. Ningún hombre válidamente bautizado puede ir al limbo. La razón es clara. El Bautismo borra el pecado original, infundiendo la gracia santificante. Una vez en posesión de la gracia, ya no se puede perder sino por el pecado mortal. Si ese hombre muere en gracia, va al cielo; si en pecado mortal, al infierno. No queda lugar para el limbo.

1 comentario:

  1. CON RESPECTO AL ARTICULO ?LOS NIÑOS SIN BAUTIZAR A DONDE VAN SE SALVAN O SE CONDENAN?, SOLO PUEDO DECIR UNA COSA: EN LOS NIÑOS SI HAY PECADO ORIGINAL, PERO NO CREO QUE VAYAN AL LIMBO. PUES AUN ESTANDO CON NOSOTROS, EL DIJO DEJAD QUE LOS NIÑOS SE ACERQUEN A MI. Y POR TANTO ELLOS VAN AL CIELO POR EL MERITO DE SU REDENCION. LO MISMO APLICA A TODOS LOS ANCESTROS DE LOS NO JUDIOS. E INCLUSO LOS ANCESTROS DE LOS JUDIOS, ANTES DE SU RESURRECCION, PUES EL DECIA QUE NO ERA DIOS DE MUERTOS SINO DE VIVOS, Y AQUELLOS QUE SE PARECIAN A LOS NIÑOS IBAN A ENTRAR AL REINO DE SU GLORIA.

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