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UT IN OMNIBUS GLORIFICETUR DEUS (Santa Regla 57, 9)

Que Dios sea glorificado en todas las cosas



O LA VERDAD ES ENTERA O NO ES VERDAD

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viernes, 24 de abril de 2009

Vivir contra corriente.

Vivir de acuerdo a unos valores es dar sentido real a la vida.

El hombre de hoy ha de ser capaz de tomar una postura clara y comprometida ante la vida.

Si ese hombre pretende además participar en la vida pública e incidir con eficacia en ella ha de tener bien claro que eso exige madurez, madurez interior, ya que eso supone decantarse por una opción libre, plenamente consciente, que si se identifica con los valores cristianos será contra corriente y enfrentada sin tapujos a ciertos contravalores reinantes.

Vivir de acuerdo a unos valores es dar sentido real a la vida, pero sobre todo, es practicar el mensaje de la generosidad, de la entrega a las causas nobles y de la actitud de servicio hacer nuestro proyecto de vida, lo que nos hará plenamente felices, con la dicha que procede del interior.

Dice el profesor Bernabè Tierno que hay otros mensajes y otros caminos, otras creencias que hoy se siguen casi en tropel en busca de cierta evasión desmadrada y placentera y mal llamada felicidad, porque se obtienen satisfacciones muy fáciles, intensas y rápidas, que desbordan los sentidos y que, aunque aparentemente conducen a la euforia del momento, al triunfo personal instantáneo, al éxito ante los demás y a la alegría , la realidad es que , más pronto o más tarde, minan al hombre por dentro y por fuera, destruyen lo mejor de si mismo y le hacen un ser permanentemente insatisfecho y desgraciado, instalándolo en un inmenso vacío.

Estos pueden ser algunos de los caminos que emprenden los hombres de hoy que equivocados se labran su propia desgracia:

El hacer siempre lo que pide el cuerpo y demandan los instintos, sea o no conveniente para la salud del cuerpo o del espíritu.

La busqueda de la riqueza material, que es la meta más ansiada que toda persona inteligente ha de proponerse, pues quien tiene dinero no tarda en ser alguien, en ser muy estimado y envidiado, y esto proporciona gran felicidad.

Considerar el placer y la felicidad como caras de una misma moneda. En consecuencia el rechazo de plano de todo lo que conlleve sacrificios o renuncias y pueda privarnos en alguna medida del placer de los sentidos.

La percepción de que la vida es para los listos, los que saben buscarse un verdadero chollo, el mínimo esfuerzo y apenas trabajar. Por ello todo vale y solo los tontos tienen escrúpulos en los procedimientos.

El valorar sobre todo el que dirán , la opinión publica creada, y tenerla como criterios de comportamiento.

La busqueda de fórmulas de poder y dominio sobre los demás para sentirse poderoso y feliz.
Los tres ¿valores? más en alza en la sociedad actual son el dinero el poder y la fama.
Estando así las cosas, no es fácil el arraigo de las convicciones de contenido cristiano, ni la practica de opciones éticas y el cumplimiento de valores morales y religiosos pues los mensajes materialista dominante en la sociedad actual, han sustituido a éstos, convirtiéndose para muchos en autentica profesión de fe, cuyas regla acatan de manera , explícita o implícita, y que en los hombre de hoy sustituyen a los verdaderos valores.

Los hombres jóvenes de hoy que pretendan cambiar esta sociedad por otra con valores reales, objetivo primordial de ARBIL, se deben exigir claridad de ideas y capacidad crítica realista y comprometida para elegir una forma de ser hombre desde la plena madurez consciente y la firme convicción personal , desde la libertad personal para hacer realidad en la vida diaria la defensa de los grandes valores. Esto obliga ante todo a la renovación interior de hombre joven, para que sea líder en el mañana.

Todo esto exige fe, que es estar dispuesto a vivir contra corriente, comprometerse, pasa a la acción y procurar que las obras de bondad y generosidad sean la mejor prueba de que la fe está viva en nosotros.

La fe es virtud, valor “el más precioso bien de que se puede gozar en este mundo” en palabras de Anatole France, quien aunque no tenía fe deseaba tenerla. Pienso con Tolstoi que la fe es la fuerza de la vida que si el hombre vive es porque cree en algo.

Jaime de la Cuesta Coca .

Fuente: Revista Arbil Nº1

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