U.I.O.G.D.

UT IN OMNIBUS GLORIFICETUR DEUS (Santa Regla 57, 9)

Que Dios sea glorificado en todas las cosas



O LA VERDAD ES ENTERA O NO ES VERDAD

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sábado, 26 de marzo de 2011

CURSO SUPERIOR DE RELIGIÓN Dogma - Moral - Culto - Apologética -- Lección 11 y 12



Lección 11

42.              Art. 3º EL NUEVO TESTAMENTO

El N. Testamento consta de 27 libros: 5 históricos, a saber: los 4 Evangelios y los Hechos de los Apóstoles; 21 doctrinales, que son las Epístolas; y uno Profético que es el Apocalipsis.


43.              Los Evangelios

Los 4 Evangelios de San Mateo, San Marcos, San Lucas y San Juan nos refieren la vida y enseñanzas de N. S. Jesucristo.
Ellos deben ser para el católico el libro de mayor estimación y estudio, porque contienen los ejemplos del divino modelo, y las enseñanzas del divino Maestro.

"Tanto enseña Cristo por sus palabras como por sus obras", dice San Agustín. Por eso todo el Evangelio merece ser atentamente meditado.
Avergüenza que tantos que se llaman discípulos de Cristo tengan tiempo y dinero para toda suerte de bagatelas, y no lo tengan para procurarse el Evangelio y aprovechar sus enseñanzas.               (Véase cuadro sinóptico página siguiente).
Digamos una palabra sobre los símbolos con que se representa a los evangelistas. Están tomados de los hechos narrados en el primer capítulo de cada Evangelio.
1º San Mateo empieza su Evangelio por el origen de Cristo en cuanto hombre. Por eso se le dio por símbolo un rostro humano.
2º San Marcos empieza por la predicación de San Juan Bautista en el desierto. Su símbolo es un león, animal del desierto.
3º San Lucas empieza por el sacrificio de Zacarías, padre del Bautista. Su símbolo es un ternero, animal por excelencia de los sacrificios.
4º San Juan empieza con una página sublime sobre la generación eterna del Verbo, símbolo es un águila, animal que se cierne en las alturas.
Lo referente a los cuatro Evangelios, podemos estudiarlo en el siguiente


Cuadro sinóptico

Evangelista
Características de las personas
Características
de sus Evangelios
Fin especial
Fecha e idioma
Mateo

Era cobrador de impuestos. Uno de los 12 Apóstoles

Cita 43 veces el Antiguo   
Testamen­to, haciendo ver
que en Cristo se
cumplieron las pro­fecías.
Relata el sermón de la
mon­taña.

Convertir a los ju­díos, haciéndoles ver que Cristo era el Mesías prometi­do.

Hacia el año 50, en arameo.
Marcos

Era de Jerusalén. fue secretario y compañero de viajes de San Pedro. No fue de los 12.

Se detiene más en los hechos que en las palabras de Cristo.


No aparece en él fin especial.

Hacia el año 55, en griego, en Ro­ma.
Lucas

Médico de Antioquía. Fue secretario y compañero de viajes de San Pablo. No fue de los 12.

Gran narrador: es el que tiene mejo­res prendas litera­rias.
Es el único que re­lata la infancia de Cristo.

Convertir a los pa­ganos, como com­pañero que era de San Pablo. El mis­mo era pagano con­vertido.

Hacia el año 60, en griego, parece que en Roma.
Juan

Pescador de Galilea. Uno de los 12. Fue "el discípulo ama­do" de Cristo.

Da preferencia a la vida divina de Cristo. Es quien mejor descubre los tesoros de su co­razón. Narra los discursos de la pro­mesa de la Euca­ristía y el sermón de la Cena.

Probar la divinidad de Cristo, que em­pezaba a ser ne­gada por los prime­ros herejes. Com­pletar los otros Evangelios.

Hacia el año 100, en griego, en Éfeso.


44.              Los Hechos. Epístolas. Apocalipsis.

Los hechos de los Apóstoles, escritos por San Lucas narran la Ascensión del Señor y los primeros años de la Iglesia, especialmente los trabajos y actividad de San Pedro, el príncipe de los Apóstoles, y de San Pablo, el Apóstol de las gentes.
Las Epístolas son cartas pastorales escritas por los Apóstoles, que encierran importantísimas enseñanzas sobre Dogma, Moral, perfección cristiana y disciplina eclesiástica.

Se entiende por disciplina eclesiástica las reglamentaciones referentes al régimen y gobierno de la Iglesia.
De las Epístolas, M son de San Pablo, 3 de San Juan, 2 de San Pedro, 1 de Santiago y 1 de San Judas Tadeo.

Las Epístolas de San Pablo se distinguen:
a)  Por la excelencia y solidez de la doctrina; algunas llegan a ser verdaderos tratados dogmáticos.
b)  Por el entrañable amor a Cristo que respiran y comunican.
c)  Por el lenguaje ora enérgico, ora tierno, siempre hondo y entusiasta del gran Apóstol.

Son las siguientes: a los romanos, 2 a los corintios (todas tres muy importantes por su extensión y contenido doctrinal), a los gálatas, a los efesios, a los filipenses, a los colosenses,  dos a los tesalonicenses, dos a Timoteo, a Tito, a Filemón y a los hebreos.

El Apocalipsis, escrito por el Apóstol San Juan, es el único libro profético del Nuevo Testamento, y contiene profecías relativas a la futura suerte de la Iglesia y al fin de los tiempos.

LECCIÓN 12

45.              Art. 4º LA IGLESIA DEPOSITARIA DE LAS ESCRITURAS

Tres poderes corresponden a la Iglesia respecto a la Escritura: fijar su canon, determinar su sentido, velar por si: integridad.

Fijar el canon de las Escrituras significa determinar qué libros se deben tener por revelados, y cuáles no.

Canon significa aquí lista u orden de los libros revelados. Cristo, al dejar a su iglesia la facultad de velar por su doctrina, tuvo que darle el poder de determinar en qué libros se hallaba esta doctrina. De otra suerte los fieles no hubieran sabido a qué atenerse en materia de tanta trascendencia. Es de advertir que en los primeros siglos muchos libros no revelados trataron de pasar por revelados.

Determinar el sentido significa interpretar cuál es su verdadero sentido, especialmente en los pasajes obscuros y difíciles.
La Sagrada Escritura es un libro divino y misterioso, en el cual, como dice San Pedro, "Hay cosas difíciles de entender, cuyo sentido falsean los indoctos para su propia perdición". (II, Ptr. 3, 16). "Habrá muchos heresiarcas seguidos por muchedumbres" dice el mismo apóstol (II, Pedro, 2, I y 2).

Velar por su integridad quiere decir estar alerta, para que la Escritura no vaya a sufrir alteración o menoscabo.
Sólo la Iglesia tiene este triple poder, porque sólo a ella confió Cristo el depósito de la fe, y le dio la misión de enseñar.

46.              Falsedad del libre examen

El libre examen de la Escritura, doctrina fundamental del Protestantismo, consiste en admitir que cada uno tiene derecho de interpretar a su gusto la Sagrada Escritura.
El libre examen no puede aceptarse, porque resultarían tantas doctri­nas e Iglesias cuantas interpretaciones; y es evidente que Cristo no quiso fundar sino una sola Iglesia con una sola doctrina.
Como consecuencia del libre examen el Protestantismo se halla di­vidido en innumerables sectas, que profesan doctrinas contradictorias.
Otra prueba de que el libre examen conduce al error, es que los he­rejes de todos los tiempos han pretendido defender sus errores con falsas interpretaciones de la Escritura.
La Iglesia exige dos condiciones en las ediciones de la Sagrada Es­critura, para permitir su lectura a los fieles: a) que lleven su aprobación, porque sólo ella recibió de Cristo la misión de velar por su doctrina, b) Que las ediciones en lengua popular lleven notas explicativas, porque son muchos los pasajes difíciles que de otra suerte pueden ser mal com­prendidos.

Las ediciones que carecen de estas condiciones deben destruirse porque son de origen protestante.

47.              Art. 5º EXCELENCIA, UTILIDAD Y AUTORIDAD DE LA SAGRADA ESCRITURA

Su excelencia se desprende de que es la palabra de Dios, para instruírnos. Merece pues, nuestra mayor veneración. "La palabra de Cristo, dice San Agustín, debe merecernos el mismo aprecio que el cuerpo de Cristo".

2° Su utilidad es muy grande, porque todo en ella ha sido escrito para nuestro aprovechamiento espiritual.
"Toda Escritura, inspirada por Dios, es útil para enseñar, para convencer, para corregir a los pecadores, para dirigir a los buenos en la justicia". (San Pablo, Tim. 3, 16).
Es de advertir, sin embargo que aunque la lectura de la Sagrada Escritura es muy útil y recomendable, no es indispensable para la salvación, contra lo que ense­ñan los protestantes. La razón es que el medio esencial escogido por Dios para salvar a los hombres, es la predicación o enseñanza de la Iglesia. "La fe nos viene por el oído", enseña San Pablo, Rom. 16, 17 y Dios envió a los Apóstoles, no a escribir libros, sino "a predicar a toda criatura". Mc. 16, 15. Por otra parte los que no saben leer, o no tienen oportunidad de hacerlo, no pudieran salvarse.

La autoridad de la Escritura es máxima en materia de fe y de costumbres, porque siendo Dios su autor, no puede haber error en ella.

Los sacerdotes la citan tantas veces en la predicación por dos motivos:

1º Porque siendo la palabra infalible de Dios, no puede haber para el cristiano argumento de mayor autoridad. 29 Porque Dios ha prometido a su palabra especial poder para mover los corazones hacia El.

"La palabra de Dios es viva y eficaz y más penetrante que espada de dos filos, y llega hasta los pliegues del alma" (San Pablo Hebr. 4, 12). "No es así que mis palabras son como fuego, y como martillo que desmenuza las peñas?" (Jeremías, 23 19).

La Iglesia no prohíbe a los fieles la lectura de la biblia, antes bien la ha recomen­dado siempre, especialmente la del nuevo testamento. Recomienda sí a los jóvenes que su lectura se haga con piedad y con cierto discernimiento, pues hay algunos libros cuya lectura no es recomendable indistintamente para todos, pues por ser his­tóricos refieren a veces cosas delicadas.
San Jerónimo aconsejaba a las matronas romanas el siguiente orden para la lec­tura de los libros del antiguo testamento: El Salterio, Los Proverbios, que dan reglas de vida: el Eclesiastés, que enseña el desprecio del mundo; lob, que enseña la for­taleza y la paciencia; Los Profetas, El Pentateuco, Los Revés, Los Paralipómenos y El Cantar de los Cantares.