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martes, 22 de marzo de 2011

Respuestas a las objeciones contra la posición católica sedevacantista 8ª Objeción

8ª objeción: San Roberto Belarmino dijo que no se puede deponer a un Papa, pero que sí es lícito resistirlo. Los sedevacantistas juzgan, castigan y deponen al Papa…




San Roberto Belarmino, De Romano Pontifice, libro II, cap. 29: “Así como es lícito resistir al Pontífice que ataca al cuerpo, así también es lícito resistir a aquel que ataca a las almas o destruye el orden civil o sobre todo, trata de destruir la Iglesia. Yo digo que es lícito resistirle no haciendo lo que ordena y por impedirle la ejecución de su voluntad. No es lícito, sin embargo, juzgarlo, castigarlo o deponerlo”.

Respuesta: Muchos de los que creen que Benedicto XVI es el Papa pero rechazan los actos oficiales de su “Iglesia”, tales como el Vaticano II, intentan ver una justificación de su falsa posición en este pasaje de San Roberto Belarmino. De hecho, este pasaje es uno de los fragmentos más usados como evidencia por parte de aquellos que se lanzan contra la posición sedevacante. Por desgracia, el pasaje ha sido completamente abusado y distorsionado.

En primer lugar, en el capítulo que sigue inmediatamente de la cita anterior de Belarmino, nos enseña esto:

Un Papa que se manifieste hereje, por ese mismo hecho (per se) cesa de ser Papa y cabeza, así como por lo mismo deja de ser un cristiano y miembro de la Iglesia. Por tanto, él puede ser juzgado y castigado por la Iglesia. Esta es la enseñanza de todos los Padres antiguos, que enseñaban que los herejes manifiestos pierden inmediatamente toda jurisdicción”[1].

Esperen un segundo. En el capítulo 29 (la cita dada en la 2ª objeción), San Roberto dice que al Papa usted no puede “juzgarlo, castigarlo o deponerlo”. En el capítulo 30, él dice que un hereje manifiesto cesa de ser Papa (es decir, es depuesto) y que puede ser “juzgado y castigado” por la Iglesia.

Mi pregunta a aquellos que hacen está objeción es la siguiente: ¿Acaso es un idiota San Roberto Belarmino?

San Roberto Belarmino, De Romano Pontifice, capítulo 29           No se puede “juzgar, castigar, o deponer” al Papa


San Roberto Belarmino, De Romano Pontifice, capítulo 30          
Un Papa que se manifieste hereje es depuesto, “juzgado y castigado”


San Roberto Belarmino ni es idiota ni se está contradiciendo así mismo. Él es un doctor de la Iglesia, y sabe exactamente lo que él está tratando de decir. Es claramente evidente, por tanto, que él no está hablando de un Papa manifiestamente herético en el capítulo 29, sino más bien de un verdadero Papa que da mal ejemplo, pero que no es un hereje manifiesto. El contexto del capítulo confirma esto más allá de cualquier duda.

En el capítulo 29, San Roberto da largas refutaciones a nueve argumentos que favorecían la posición de que el Papa está sujeto al poder secular (emperador, rey, etc.) y a un concilio ecuménico (la herejía del conciliarismo). Durante la Edad Media, la herejía del conciliarismo (un Papa sometido a un concilio ecuménico) se convirtió en un problema principal. Al contradecir esta herejía, San Roberto Belarmino afirma que, si bien un católico puede resistir a un Papa malo, no lo puede destituir, incluso si el Papa da mal ejemplo o perturba el estado (sociedad civil) o mata almas por su acción (escandalo moral). San Roberto habla aquí de un Papa malo que no es hereje manifiesto (ya que los pecados morales, por graves que sean, a excepción de los pecados doctrinales, no lo hacen perder el ser miembro de la Iglesia), ¡debido a esto en el siguiente capítulo él trata precisamente sobre la herejía manifiesta! Es muy sencillo. ¡Dice en el siguiente capítulo que el hereje manifiesto no será considerado Papa!

Teniendo esto en cuenta, se ve refutada la supuesta objeción de Belarmino contra el sedevacantismo. Él no está hablando de un hereje manifiesto en el capítulo 29, sino de un verdadero Papa que actúa indebidamente, dado que explica que un Papa manifiestamente herético es depuesto, juzgado y castigado en el capítulo 30. Es un pecado mortal de omisión que los autores “católicos” citen una y otra vez el pasaje del capítulo 29, sin hacer mención de la declaración de San Roberto, en el capítulo 30, respecto a Papas manifiestamente heréticos. Entre estas personas incluimos a los que escriben para algunas de las conocidas publicaciones “tradicionalistas” (p. ej., FSSPX, The Remnant, etc.). Estos editores o autores suprimen la enseñanza de San Roberto en el capítulo 30, junto con todos los otros santos, Papas y canónigos que enseñan que un Papa que se manifieste hereje pierde su oficio. Estos falsos “tradicionalistas” así lo hacen porque quieren hacerles pensar sutilmente a sus lectores que San Roberto condena el sedevacantismo, cuando en realidad él y todos los primeros Padres de la Iglesia apoyan el hecho de que un hereje manifiesto no es Papa.

San Roberto Belarmino, De Romano Pontifice, II, 30:
“Porque, en primer lugar, se demuestra con argumentos de autoridad y por la razón de que el hereje manifiesto es depuesto ‘ipso facto’. El argumento de la autoridad se basa en San Pablo (Tito 3, 10), que ordena que evitemos al hereje después de dos advertencias, es decir, después de haber mostrado ser manifiestamente obstinado – lo que es requerido antes de cualquier excomunión o sentencia judicial. Y esto es lo que escribe San Jerónimo, añadiendo que otros pecadores están excluidos de la Iglesia por la pena de excomunión [ferendae sententiae=proceso formal], pero los herejes, por sus propios actos, se destierran y se separan del cuerpo de Cristo [latae sententiae=excomunión automática]”.

Y una vez más enseña San Roberto Belarmino:

Este principio es de lo más cierto. El que no es cristiano no puede de ninguna manera ser Papa, como Cayetano lo dijo (ib. c. 26). La razón de esto es que alguien no puede ser cabeza de lo que no es miembro. Ahora bien, el que no es cristiano no es miembro de la Iglesia, y el que se manifieste hereje no es un cristiano, como claramente lo enseñan San Cipriano (lib. 4, epíst. 2), San Atanasio (Cont. arria.), San Agustín (lib. De great. Christ.), San Jerónimo (contra Lucifer), entre otros; por lo tanto, el hereje manifiesto [fuero externo, público, etc.] no puede ser Papa[2].




[1]  San Roberto Belarmino, De Romano Pontifice, II, 30.
[2]  San Roberto Belarmino, De Romano Pontifice, II, 30.