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domingo, 3 de abril de 2011

Creer en el dogma tal como fue declarado por la Iglesia (Nro. 3)

3. Creer en el dogma tal como fue declarado por la Iglesia

      Sólo hay una sola manera de creer en el dogma: tal como la santa madre Iglesia una vez lo declaró.
Papa Pío IX, Concilio Vaticano I, sesión 3, cap. 2 sobre la revelación, 1879, ex cathedra: “De ahí que también hay que mantener perpetuamente aquel sentido de los sagrados dogmas que una vez declaró la santa madre Iglesia y jamás hay que apartarse de ese sentido so pretexto y nombre de una más alta inteligencia”[1].
      Esta definición del Concilio Vaticano I es de vital importancia para la pureza del dogma, porque la principal manera en que el diablo intenta corromper las doctrinas de Cristo, es logrando que los hombres se aparten de los dogmas de la Iglesia que una vez han sido declarados.  No hay un sentido de un dogma que no sea el que las palabras mismas dicen y declaran, es por eso que el diablo intenta hacer que los hombres “comprendan” e “interpreten” esas palabras de una manera diferente de cómo la santa madre Iglesia los ha declarado.

      Muchos de nosotros hemos tratado con personas que intentan explicar el claro significado de las definiciones fuera de la Iglesia no hay salvación diciendo, “usted debe entenderlos”.  Lo que en realidad quieren decir es que usted tiene que entenderlos de una manera diferente de lo que las palabras mismas dicen y declaran.  Y esto es exactamente lo que el Concilio Vaticano I condena:  el alejamiento de la comprensión de un dogma una vez ya declarado por la santa madre Iglesia, por un significado diferente, bajo el pretexto (falso) de “una más alta inteligencia”.

      Además de los que sostienen que hay que “entender” los dogmas de una manera diferente de lo que las palabras dicen y declaran, hay quienes que, cuando se les presentan las definiciones dogmáticas sobre fuera de la Iglesia no hay salvación, dicen, “esa es tú interpretación”.  Ellos desestiman las palabras de una fórmula dogmática, reduciéndolas a nada más que una interpretación privada.  Y esto también es herejía.
Papa San Pío X, decreto Lamentabili contra los errores del modernismo, 3 de julio de 1907, # 22: “Los dogmas que la Iglesia presenta como revelados, no son verdades bajadas del cielo, sino una interpretación de hechos religiosos que la mente humana elaboró con trabajoso esfuerzo”[2]. – Condenado.

Papa San Pío X, decreto Lamentabili contra los errores del modernismo, 3 de julio de 1907, # 54: “Los dogmas, los sacramentos, la jerarquía, tanto en su noción como en su realidad, no son sino interpretaciones y desenvolvimientos de la inteligencia cristiana que por externos acrecentamientos aumentaron y perfeccionaron el exiguo germen oculto en el Evangelio”[3]. – Condenado.
      Los dogmas de la fe, como fuera de la Iglesia no hay salvación, son verdades bajadas del cielo; no son interpretaciones.  Acusar a quien adhiere fielmente a esas verdades bajadas del cielo de incurrir en una “interpretación privada” es decir una herejía.

      El propósito de una definición dogmática es definir con precisión y exactitud lo que la Iglesia quiere decir por las mismas palabras de la fórmula.  Si esto no se hiciera por las mismas palabras de la fórmula o del documento (como dicen los modernistas), entonces ella fracasaría en su objetivo principal – el definir una verdad de fe – y sería inútil y sin valor.

      El que dice que debemos interpretar o entender el significado de una definición dogmática, de una manera que contradice su redacción real, niega todo el propósito de la cátedra de Pedro, de la infalibilidad papal y de las definiciones dogmáticas.  Él está afirmando que las definiciones dogmáticas son inútiles, sin valor y necias, y que la Iglesia es inútil, sin valor y necia por hacer tales definiciones .

      Además, los que dicen que las definiciones infalibles deben interpretarse por declaraciones no infalibles (por ejemplo, por los teólogos, por los catecismos, etc.) están negando todo el propósito de la cátedra de Pedro.  Ellos están subordinando la enseñanza dogmática de la cátedra de Pedro (las verdades bajadas del cielo) a la reevaluación por documentos falibles humanos, invirtiendo de ese modo su autoridad, pervirtiendo su integridad y negando su propósito.
Papa Gregorio XVI, Mirari vos, # 7, 15 de agosto de 1832: “… nada debe quitarse de cuanto ha sido definido, nada mudarse, nada añadirse, sino que debe conservarse puro, tanto en la palabra como en el sentido[4].        
      Por lo tanto, no hay una interpretación “rigurosa” o “ libre” del dogma fuera de la Iglesia no hay salvación, como les gusta decir a los liberales herejes; sólo es como la Iglesia lo ha una vez declarado .

Fuente: 

Notas:
[1] Denzinger 1800.
[2] Denzinger 2022.
[3] Denzinger 2054.
[4] The Papal Encyclicals, edición inglesa, vol. 1 (1740‐1878), p. 236.