U.I.O.G.D.

UT IN OMNIBUS GLORIFICETUR DEUS (Santa Regla 57, 9)

Que Dios sea glorificado en todas las cosas



O LA VERDAD ES ENTERA O NO ES VERDAD

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jueves, 17 de febrero de 2011

Curso On-line #0002: Sobre la religión en general (II parte)

www.centrosanbenito.com

Curso 0002 - Sobre la religión en general (II parte) [72 MB - 01:18:39 min]



SUMA DE LA SAGRADA TEOLOGÍA ESCOLÁSTICA  - SOBRE LA RELIGIÓN EN GENERAL

Por el Rev. P. MIGUEL NICOLAU, S.J. 
Profesor de la Facultad Teológica de la Universidad Pontificia de Salamanca

En esta clase se estudiará:

1) EL HOMBRE ESTA OBLIGADO AL CULTO EXTERNO

2) EL HOMBRE ESTA OBLIGADO AL CULTO PÚBLICO Y SOCIAL

3) LA RELIGIÓN Y LA FELICIDAD DEL HOMBRE

4) Art. III: SOBRE LA OBLIGACIÓN DE LA RELIGIÓN POSITIVA

Las grabaciones se encuentran en nuestra página Cursos en Audios MP3

miércoles, 16 de febrero de 2011

PARA QUE ÉL REINE DE JEAN OUSSET COMPLETO - POR PRIMERA VEZ EN INTERNET-


Con el Favor Divino, informamos a todos nuestros seguidores y visitantes, que a partir de hoy iremos publicando sucesivamente los capítulos de uno de los mejores tratados de Teología política católica tradicional que ha sido escrito en los últimos tiempos.

La presente edición de 1959 es la primera que se hizo en español y tiene el mérito de ser fiel al texto completo original de la edición francesa. En años recientes se han editado versiones resumidas de Para que Él reine que han omitido pasajes importantes de la obra.

Esta obra por cierto ayudará a orientar a los verdaderos católicos en su visión y acción cívica de una manera fiel a los Principios del Reinado Social de N. S. Jesucristo y a contrarrestar una visión atea, naturalista y revolucionaria que infisiona la anti-civilización actual y la mentalidad de muchos que hoy en día se dicen "católicos" pero que en realidad han apostatado de sus creencias, negando el Señorío de Dios y la Realeza de Cristo sobre los estados y naciones, tales como "católicos" liberales, humanistas cristianos, cristianos socialistas y comunistas, y la pseudojeraquía "católica" nacida del conciliábulo del Vaticano II, destructora de la Religión y Civilización Cristiana.

El Autor:



Jean Ousset (1914 - 1994) fue un intelectual francés defensor del Catolicismo y de la Civilización Cristiana, nacido en Porto, Portugal . Fue unos de los líderes de la Acción Francesa y del Movimiento Ciudad Católica.


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PRIMERA PARTE

CRISTO REY


" Cuanto mayor es el indigno silencio con que se calla el dulce nombre de nuestro Redentor en las conferencias internacionales y en los Parlamentos, tanto más alta debe ser la proclamación de ese nombre por los fieles y la energía en la afirmación y defensa de los derechos de su real dignidad y poder."
S.S.Pío XI, Quas primas


CAPÍTULO I

Alfa y Omega



CRISTO REY, AUTOR Y FIN DE LA CREACIÓN

« En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y et Verbo era Dios. El estaba en el principio en Dios. Todas las cosas han sido hechas por El y nada de lo que existe ha sido hecho sin El » (1).


Pero si es principio del universo, el Verbo es también su Fin.

« Nada tiene esto de extraño escribe Dom Delatte (2). La primera « causa eficiente es también la última causa final; la armonía de las cosas quiere que el Alfa sea el Omega, principio y fin, y que todo se termine y vuelva finalmente a su primer principio. ¿Cómo no había de ser el heredero y el término de los siglos Aquél por quien los siglos comenzaron?»

Ya desde el segundo versículo de su Epístola a los Hebreos, San Pablo lo enseña vigorosamente. « Los términos son de una rigurosa precisión; nunca se ha hablado de este modo: es el mismo Hijo de Dios quien ha hecho los siglos y en quien los siglos terminan como en el heredero de su obra común: en verdad han trabajan, para El... » (3) «y que todas las cosas se acaben en El, que en el encuentren su término y su consumación, proviene de que el Padre le ha instituido heredero de todas las personas y cosas. Filiación y herencia van juntas: la una es consecuencia de la otra. Pero esta concepción de la herencia no quiere tan sólo decir que las almas y los pueblos son suyos; significa igualmente que toda la historia se orienta hacia El, que es el término de la creación, pero también « de la historia, que los sucesos se encaminan hacia El, que es el heredero del largo esfuerzo de los siglos, y que todos han trabajado para El.

¿Acaso Sócrates, Platón y Aristóteles no han pensado para El? ¿Es que la Iglesia no ha venido, a su hora, para recoger como bien suyo, como una riqueza preparada por Dios para ella, todo el fruto de la inteligencia antigua? ¿Para quién sino para la Iglesia, han hablado la ley y los profetas, la religión judía se ha desarrollado, las escuelas socráticas han discutido, la escuela de Alejandría balbuceado su « logos », los pueblos se han mezclado, los judíos han sido puestos en contacto sucesivamente con todas las grandes monarquías, el Imperio Romano adquirió su poderosa estructura?

El Señor es el heredero de todo; a El, primero en el pensamiento de Dios, se han ordenado todas las obras de Dios» (4).

Esto es lo normal, lo prudente. Porque un querer perfectamente ordenado quiere, desde el comienzo, el Fin (5). El orden consiste, pues, en que todo el universo gravite hacia el Verbo como hacia su término.

Y el Verbo, es Jesucristo nuestro Señor.


Dios quiere primero Su gloria.

«Dios quiere crear porque quiere Su glorificación fuera de Sí mismo. Y queriendo Su glorificación exterior, El quiere, en primer lugar y principalmente, lo que, en la historia actual de la humanidad es el primero y universal medio de procurarla: la Encarnación Redentora, obra de Cristo, cumplida con la cooperación de Su Madre. Así Jesús y María son principalmente queridos por Dios como aquellos de quienes dependen todas sus otras obras... Tienen sobre la Creación « entera la preeminencia y una verdadera realeza... (6) .

Frecuentemente se representa al Creador en la obra de los seis días, trabajando en función del hombre... Esto es cierto. Pero el primer hombre y la primera mujer para quienes prepara estas maravillas no son Adán y Eva, son Jesucristo y María.

En la historia del mundo, Adán y Eva están bajo la dependencia de Jesús y de María, por quienes ellos y sus descendientes han recuperado la Gracia. Jesús y María son, en efecto y en el orden actual de las cosas, los primeros en la intención divina y las verdaderas cabezas de la humanidad » (7).

CRISTO ES REY


Por tanto, Jesucristo es Rey.

«No hay—escribe Monseñor Pie—ni un profeta, ni un evangelista, «ni uno de los apóstoles que no le asegure su cualidad y sus atribuciones de rey. »

«Un niño nos ha nacido y un hijo nos ha sido dado », escribe Isaías en su visión profética. « El imperio ha sido asentado sobre sus hombros... » Daniel es aún más explícito: « Yo miraba en las visiones de la noche y he aquí que, sobre las nubes, vino como un Hijo de hombre; él avanzó hasta el anciano y le condujeron ante él. Y éste le dio el poder, gloria y reinado, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su dominación es una dominación eterna que no acabará minea y su reino no será nunca destruido... »

Pero en este sentido podría invocarse toda la Sagrada Escritura y la Tradición toda. La unanimidad es absoluta.

«Príncipe de los reyes de la tierra» le llama San Juan en el Apocalipsis, y sobre sus vestiduras como sobre El mismo, pudo leer el Apóstol: «Rey de los reyes y Señor de los señores. »

CRISTO ES REY UNIVERSAL


Por tanto, Jesucristo es Rey.

Rey por derecho de nacimiento eterno, puesto que es Dios...

Rey por derecho de conquista, de redención, de rescate.

Y esta realeza se comprende que es universal. Nada, en efecto, puede ser más universal, más absoluto que esta realeza, puesto que Cristo es, El mismo, el principio y el fin de toda la Creación.

Para que no quepa duda alguna, no obstante, Nuestro Señor se cuidó de precisar: «Omnia potestas data es mihi in coelo et in térra.» «Todo poder me ha sido dado en el cielo y en la tierra.»

En el cielo y en la tierra..., que es como decir: en el orden sobrenatural y en el orden natural.

«Ahí está efectivamente, escribe Monseñor Pie, el nudo de la cuestión... No olvidemos ni permitamos que se olvide lo que nos enseña el gran Apóstol: que Jesucristo después de haber descendido de los cielos, ha ascendido a ellos, a fin de cumplir todas las cosas: ut impleret omnia. No se trata de su presencia en cuanto Dios, puesto que esta presencia ha existido siempre, sino de su presencia como Dios y hombre a la vez. De hecho Jesucristo se halla, desde entonces, presente en todo, así en la tierra como en el cielo; llena el mundo con su nombre, su ley, su luz, su gracia. Nada existe fuera de su esfera de atracción o de repulsión; ninguna cosa, ni ninguna persona, pueden serle del todo extrañas e indiferentes; se está con El o contra El; ha sido colocado como piedra angular: piedra de edificación para unos, piedra de tropiezo y de escándalo para otros, piedra de toque para todos. La historia de la humanidad, la historia de las naciones, la historia de la paz y de la guerra, la historia de la Iglesia sobre todo, no es sino la historia de Jesús que todo lo colma: ut impleret omnia » (8).

«Ni en su persona, ni en el ejercicio de sus derechos, puede ser Jesucristo dividido, disuelto, fragmentado; en El, la distinción de las naturalezas y de las operaciones no puede ser jamás la separación, la oposición; lo divino no puede repugnar a lo humano, ni lo humano a lo divino. Al contrario, El es la paz, la aproximación, la reconciliación; es el engarce que de dos cosas hace una... Por eso San. Juan nos dice: « Todo espíritu que disuelve a Jesucristo no es de Dios, sino que es justamente ese anticristo de quien habéis oído que está para llegar y que al presente se halla ya en el mundo...» Así cuando yo oigo, concluye Monseñor Pie, ciertos rumores que crecen, ciertos aforismos que prevalecen de día en día y que introducen en el corazón de las sociedades, el disolvente bajo la acción del cual debe perecer el mundo, lanzo este grito de alarma: guardaos del anticristo» (9).


CRISTO ES REY TODOPODEROSO


Sí, todo poder ha sido dado a Cristo en el cielo y en la tierra.

Esta verdad está en la base misma del catolicismo.

La encontramos en las epístolas y los discursos de San Pedro. La volvemos a encontrar, subyacente en toda la enseñanza de San Pablo. Su fórmula «non est potestas nisi a Deo», no es, en el fondo, otra cosa que la expresión de la misma idea, de una manera más particular.

Jesucristo ha pedido y su Padre le ha concedido. Todo desde entonces le ha sido entregado. Está a la cabeza y es el jefe de todo, de todo sin excepción. « En El y rescatados por su sangre», escribía San Pablo a los Colosenses (10), «tenemos la redención y la remisión de los pecados; que es la imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque en El fueron creadas todas las cosas del Cielo y de la Tierra, las visibles y las invisibles, los Tronos, las Dominaciones, los Principados, las Potestades; todo fué creado por El y para El. El es anterior a todo y todo subsiste en El. El es la cabeza del cuerpo de la Iglesia. El es el principio, el primogénito de los muertos; para que tenga la primacía sobre todas las cosas. Y plugo al Padre que en El habitase toda plenitud de la divinidad y por El reconciliar consigo, pacificando por la sangre de su Cruz todas las cosas, así las de la tierra como las del cielo en Jesucristo Nuestro Señor». Tal es la enseñanza del Apóstol.

«No establezcáis, pues, en modo alguno excepción allí donde Dios no ha dejado lugar a la excepción, exclama monseñor Pie. El hombre individual y el jefe de familia, el simple ciudadano y el hombre público, los particulares y los pueblos, en una palabra, todos los elementos de este mundo terrestre, cualesquiera que sean, deben sumisión y homenaje al nombre de Jesús».

CRISTO ES REY DE LAS NACIONES


Jesucristo rey universal... y, por tanto, rey de los reyes, rey de las naciones, rey de los pueblos, rey de las instituciones, rey de las sociedades, rey del orden político como del orden privado.

Después de lo que se acaba de decir, ¿cómo se concibe que pueda ser de otro modo?

Si Jesucristo es rey universal, ¿cómo podría esa realeza no ser también realeza sobre las instituciones, sobre el Estado: realeza social? ¿Cómo se la podrá llamar universal sin ella?

Si las discusiones son tan vivas sobre este punto, es porque tocamos el terreno de aquel a quien la Escritura llama precisamente «el príncipe de este mundo». He aquí que perseguimos al dragón hasta su último reducto, que lo acosamos donde pretende hacer su guarida... ¿qué hay de extraño que redoble la violencia escupiendo llamas y humo para intentar cegarnos?

¡Cuántos se dejan engañar!

«Hay hombres en estos tiempos, observaba ya monseñor Pie, que no aceptan y otros que sólo aceptan a duras penas los juicios y decisiones de la Iglesia... ¿Cómo dar el valor de dogma (dicen o piensan) a enseñanzas que datan del «Syllabus» o de los preámbulos de la primera constitución del Vaticano?

Tranquilizaos, responde el obispo de Poitiers, las doctrinas del «Syllabus» y del Vaticano son tan antiguas como la doctrina de los apóstoles, de las Escrituras... A quienes se obstinan en negar la autoridad social del Cristianismo, San Gregorio Magno da la respuesta (11). En el comentario del Evangelio en que se cuenta la Adoración de los Magos... al explicar el misterio de los dones ofrecidos a Jesús por estos representantes de la gentilidad, el santo doctor se expresa en estos términos:

Los Magos—dice—reconocen en Jesús la triple cualidad de Dios, de hombre y de rey. Ofrecen al rey oro, al Dios incienso, al hombre mirra. Ahora bien—prosigue—, hay algunos heréticos: sunt vero non nulli hoeretici, que creen que Jesús es Dios, que creen igualmente que Jesús es hombre, pero que se niegan en absoluto a creer que Su reino se extiende por todas partes: sunt vero nonnulli hoeretici, qui hunc Deum credunt, sed ubique regnare nequaquam credunt.

Hermano mío, continúa Monseñor Pie, dices que tienes la conciencia en paz, y al aceptar el programa del catolicismo liberal, crees permanecer en la ortodoxia, ya que crees firmemente en la divinidad y humanidad de Jesucristo, lo que basta para considerar tu cristianismo inatacable. Desengañaos. Desde el tiempo de San Gregorio, había «algunos heréticos» que, como tú, creían en esos dos puntos; pero su herejía consistía en no querer reconocer en el Dios hecho hombre una realeza que se extiende a todo... No, no eres irreprochable en tu fe, y el Papa San Gregorio, más enérgico que el «Syllabus», te inflige, la nota de herejía, si eres de los que considerando un deber ofrecer a Jesús el incienso, no quieren añadirle el oro... » (12), es decir, reconocer y proclamar Su realeza social.

Y, en nuestros días, Pío XI, con particular insistencia ha querido recordar al mundo la misma doctrina en dos encíclicas especialmente escritas sobre este tema: Ubi Arcano Dei y Quas Primas.

Esta es, pues, la enseñanza eterna de la Iglesia, y no una determinada prescripción de detalle, limitada a una sola época. En los comienzos de la Era Cristiana, como más tarde, lo relativo a la conducta ha podido venir a mezclarse con lo relativo a los principios. «Pero el derecho, señala Monseñor Pie (13), el principio del estado cristiano, del príncipe cristiano, de la ley cristiana, que yo sepa jamás han sido discutidos hasta estos últimos tiempos, ni escuela católica alguna pudo nunca entrever en su destrucción un progreso y un perfeccionamiento de la sociedad humana…», como hoy se oye repetir tantas veces.

NOTAS:

1 Comienzo del Evangelio de San Juan.
2 Dom Paul Delatte, Les èpitres de saint Paul, t. II, p. 288.
3 Dom. Paul Delatte, idem, p. 287.
4 Idem, p. 287-8.
5 ...quiere, ante todo, el fin, en el orden de la intención. El enfermo quiere, en primer lugar, curarse; tal es su intención. Para esto tomará la medicina... «Finís primun in intentione, ultimatum in executione». «El fin primero en el orden de la «intención, es el último en el orden de la realización».
6 San Francisco de Sales...: Dios «eligió crear a los hombres y a los Ángeles como para acompañar a su Hijo, participar de sus gracias y de su gloria y adorarle y alabarle eternamente». (Traité de l'Amour de Dieu, t. II, cap. IV, página 100.)
7 René Marie de la Broise, «Etudes-» de los Padres jesuitas, t. LXXIX, 301.
8 Op. cit., t. V, p. 166.
9 Card. Pie, Œuvres, t. IV, p. 588 (cit. San Juan: 1.a Epístola. IV. 3). 
10 Epístola de San Pablo a los Colosenses, I, 12-20 ... Epístola de la Fiesta de Cristo Rey.
11 Excelente ocasión para destacar cuán perfectamente ilustra este pasaje la doctrina de Pío XII en Humani Generis. «Ni puede afirmarse que las enseñanzas de las Encíclicas no exijan, de por sí nuestro asentimiento, pretextando que los «Romanos Pontífices no ejercen en ellas la suprema potestad de su Magisterio. «Pues son enseñanzas del Magisterio ordinario, para las cuales valen también aquellas palabras: El que a vosotros oye, a Mí me oye, y, la mayor parte de las «veces, lo que se propone e inculca en las Encíclicas pertenece—por otras razones— « al patrimonio de la doctrina católica... »
12 Op. cit., t. VIII, p. 62 y 63.
13 Op. Cit., t. V, p. 179-180.










martes, 15 de febrero de 2011

LEA Y BAJE EL LIBRO DE LA SEMANA



Descripción de la Obra:

Tratado de ascética y mística expuesto en forma esquemática siguiendo a Santo Tomás de Aquino, San Juan de la Cruz y San Francisco de Sales. En este obra encontrará las fuentes de la vida interior y su fin, la purificación, elevación y perfección del alma en los principiantes, adelantados y perfectos en su camino de búsqueda y posesión de Dios.  


Ésta es una de las obras maestras de verdadera espiritualidad católica de nuestra época. Es un compendio preciso y profundo, pero accesible, de las principales fases que las almas suelen atravesar en su relación con Dios.

Descripción del autor:


Rev.P. Fray Réginald Marie Garrigou-Lagrange, O.P. (21 de febrero, 1877, Auch, Francia – 15 de febrero, 1964, Roma) fue un teólogo y filósofo dominico francés, generalmente aceptado como uno de los más grandes tomistas del vigésimo siglo.







Vida. Teólogo, y también filósofo de fama internacional, n. en Auch (Francia) el 21 feb. 1877. Después de estudiar Humanidades en Roche-sur-Yon, Vendée, Nantes y Tarbes, elige la carrera de Medicina. Mientras la cursa, en Burdeos, 1897, lee L'Homme, de E. Hello; ese libro, que es un estímulo para realizar la existencia humana a un nivel superior a la mediocridad, provoca en G. L. la decisión fundamental de su vida: abraza el estado religioso. Novicio dominico en Amiens, se forja su espíritu en las virtudes y en el estudio. El P. A. Gardeil descubre pronto sus valores, y lo orienta al trato familiar y apasionado con S. Tomás y los grandes Comentaristas; para perfeccionar su formación intelectual, lo envía a la Sorbona; allí reina el modernismo  y G. LAGRANGE, que no lo soporta, obtiene licencia para abandonar París. VIaja a Viena, frecuenta algunos meses la Universidad de Friburgo -donde conoce a Norberto del Prado, un teólogo que le impresionó profundamente- y, en fin, entra en 1905 a formar parte del equipo de profesores de Le Saulchoir.

En 1909, al abrirse el Angelicum, Ateneo Pontificio, hoy Universidad de Santo Tomás, comparte con J. G. Arintero la cátedra de Teología Fundamental, explicando el tratado De revelatione. Pasa más tarde a la cátedra de teología dogmática, da cursos sobre la Metafísica de Aristóteles, y, sobre todo, escribe libros. A las clases y a las publicaciones consagra 50 años, alternando los trabajos profesorales con el servicio a la Santa Sede en calidad de teólogo estimadísimo y con el ministerio pastoral, que amaba entrañablemente. Se jubiló en 1960, y m. el 15 feb. de 1964 en Roma.

Producción literaria y doctrina. El legado literario de G. LAGRANGE es cuantioso y variado. Sus lecciones, famosas por la pasión, la claridad y la solidez, fructificaban en artículos y libros, universalizando así su magisterio. La mayor parte de su producción escrita es, en efecto, fruto de la enseñanza académica, y, por tanto, refleja los rasgos típicos de su pedagogía escolar. El éxito de sus obras fue enorme, escritas originalmente en latín y en francés, obtienen traducciones al alemán, español, inglés, italiano y polaco. Aun dentro de la unidad interna de su contenido ideológico, la obra escrita de G. LAGRANGE abarca cuatro extensos ramos: Apologética, Filosofía, Teología dogmática y Espiritualidad.

En Apologética su obra máxima es De Revelatione, en 2 vol., manual clásico, que vio la luz en 1918 (4 ed. Roma 1945). Situado en una zona neutra entre dos" mundos, el de la razón y el de la fe (cfr. S. Giuliani, G.-L. Apologeta, «Angelicum» 42, 1965, 117-136), G.-L. expone los motivos de credibilidad de las verdades reveladas; la estructura de la obra comprende dos partes: la la sobre la necesidad y cognoscibilidad de la Revelación; la 2a sobre su existencia. El recurso incesante a los grandes principios de la metafísica no obsta para que el autor niegue autonomía a la Apologética y la incluya en la Teología, exigiéndole un método rigurosamente objetivo.

En Filosofía G. L. pertenece a la Neoescolástica instaurada por la enc. Aeterni Patris (1879) de León XIII. Ya desde joven G. LAGRANGE descubre cuál va a ser su itinerario filosófico: desvelar y debelar los riesgos del inmanentismo modernista de Bergson y Le Roy, apoyándose en el realismo de la crítica y ontología tomistas como base de una teología natural del ser que se proyecta a la demostración de la existencia y naturaleza de Dios. Su primer escrito, 1904, es una nota sobre la prueba de la existencia de Dios por los grados del ser; en 1907 insiste en un ensayo sobre el panteísmo de la «nueva filosofía» y las pruebas de la trascendencia de Dios; en 1909 publica en París el libro Le sens commun, la philosophie de 1'étre et les formules dogmatiques (El sentido común, la filosofía del ser y las fórmulas dogmáticas 3 ed. Buenos Aires 1944). G. LAGRANGE es, ante todo, un temperamento metafísico, un defensor del ser frente al fenómeno (cfr. el cap. «El verbo ser, su profundo sentido y su alcance» en El sentido del misterio y el claroscuro intelectual, Buenos Aires 1945, 61-84; Le sens du mystére et le clair-obscur inteleectuel, París 1934); el sentido común es puerta de acceso al ser (Criteriología); éste, encontrado en su realidad extramental, descubre sus estratos a través de su estructura profunda (Ontología); el proceso termina en Dios, el Ser por antonomasia, meta de toda la filosofía de G.-L. Dieu, son existente et sa nature, París 1914 (Dios, su existencia y su naturaleza); Dios al alcance de todos (Barcelona 1942); Dios. La naturaleza de Dios. Solución de las antinomias agnósficas (Buenos Aires 1950) son hitos de su legado filosófico (cfr. A. Lobato, Itinerario filosófico de G.-L., «Angelicum» 42,1965,53116).

Como profesor y escritor de Teología dogmática, G. LAGRANGE sigue la Summa theologiae, que es «su» libro; seis tomos de comentarios, de corte clásico, ayudándose en Cayetano y Juan de Santo Tomás; una serie innumerable de artículos y algunas «obras mayores» son índice de su fidelidad al neotomismo, al mismo tiempo que revelan las cualidades peculiares del autor: defensa y exposición de la doctrina del «Doctor Común», descubrimiento y flagelación del inmanentismo modernista. Para G. LAGRANGE, que lo conoció tan al vivo al empezar el s. XX, el modernismo es un enemigo que no muere. Basta recordar su sonoro grito de alarma en 1946: La nouvelle théologie, oú va-t-elle? («Angelicum», 23,1946, 126-145). La enc. Humani generis (1950), de Pío XII, ratificó muchas de las tesis por las que G.-L. había luchado en sus clases y en sus libros. Otro tema que cultivó con especial atención fue el de la gracia y la predestinación. También en este campo se muestra inflexible con el «neomolinismo» y la teoría de Marín-Sola, poniendo de relieve, por una parte, su garra polémica y, por otra, su entronque con el tomismo español del s. XVI.

Con todo, donde G.-L. destacó más fue en el campo de la Espiritualidad. En 1909 leyó La evolución mística de Arintero. Esta obra ejerce en él un influjo parejo al libro L'Homme. El proselitismo del genial restaurador de la mística ganó en G. LAGRANGE a su más valioso discípulo. G.-L. lo declara: «Tuvo en mí gran influencia y me aclaró importantes puntos, que traté de exponer en seguida según la doctrina de Santo Tomás» (Evolución mística, Madrid 1952, L-LI). En 1917 abre una cátedra de Ascética y Mística, la primera de esta disciplina en una Facultad eclesiástica y la última que abandonara, vencido por los años, en 1960; en 1919 alienta la fundación de la revista «La vie spirituelle» y se convierte en principal redactor; en 1923 reúne sus lecciones y artículos en Perfection chrétienne et contemplation selon S. Thomas d'Aquin et S. Jean de la Croix (Sannt-Maximin, 2 vol.), obra representativa, polémica a grandes trozos, en la que trata de armonizar la teología ontológica de la gracia con las descripciones psicológicas de S. Juan de la Cruz y de proseguir, desde el ángulo tomista, la ruta abierta por Arintero en la Teología Espiritual. G. L. luchó por las ideas de unidad de la vida cristiana, por el concepto de mística como desarrollo normal de la vida cristiana, por la vocación de todos los cristianos a la perfección, etc. Tesis arinterianas, que había que remozar a fuerza de esclarecer principios «tradicionales» olvidados y enturbiados en los últimos siglos. G.-L. prosiguió ese camino, al ritmo de sus cursos magistrales, y fueron apareciendo nuevas obras, culminando con Les trois áges de la vie intérieure, 2 vol. París 1938 (trad. esp. Las tres edades de la vida interior, 2 vol. trad. esp. Buenos res 1945), en la que, limando al máximo las aristas polémicas, expone los principios comúnmente admitidos. Como en su itinerario filosófico, también aquí G.-L. apunta... a Dios, pues la vida interior es «un preludio» de la vida del cielo. Dentro del arco de este grupo de escritos de G.-L. hay que mencionar: L'amour de Dieu et la Croix de fésus, Juvisy 1929; La providente et la confiance en Dieu, París 1932; La Madre del Salvador y nuestra vida interior (París 1941, Buenos Aires 1947); los dos preciosos tratados, procedentes también de la cantera escolar, La santificación del sacerdote (Madrid 1953; primera ed. en latín, Roma 1946) y La unión del sacerdote con Cristo (Madrid 1955; primera ed. en latín, Roma 1948).

G.-L. dedicó su vida entera a lo que él namaba las «tres sabidurías» o ciencias de las cosas por su causa suprema: la Metafísica, la Teología y la Mística. Poco a poco, en escala armónica y ascendente, se va inclinando por la última. Su figura descuella entre los más [fieles] pensadores católicos de la primera mitad del s. XX; irradió poderosamente su doctrina, a través de la cátedra y los libros, a dos generaciones, incluso en países lejanos, como Argentina y Polonia.

A. HUERGA TERUELO.

BIBL.: B. ZORCOLO, Bibliografía del P. Garrigou-Lagrange, «Angelicum» 42 (1965) 200-272; A. HUERGA, Garrigou-Lagrange, maestro de la vida interior, «Teología Espiritual» 8 (1964) 463-486; M. - B. LAVAUD, Le P. Garrigou-Lagrange, «Revue Thomiste» 64 (1964) 181-199; R. GAGNEBET, L'oeuvre du P. Garrigou-Lagrange: itinéraire intellectuel et spirituel vers Dieu, «Doctor communis» 17 (1964) 159-182; R, MARIMÓN, Muere el P. Garrigou-Lagrange, «Horizontes», Puerto Rico 7 (1964) 36-42; 1.-R. SANZ, Por qué me hice sacerdote, Salamanca 1959, 199-200; R. GARRIGOU-LAGRANGE, Lettres de la ieunesse au P. Ambroise Gardeil (1903-1909), «Angelicum» 42 (1965) 137-194 (ed. F. VON GUNTEN).

Fuente: GER




Indice de la obra


LAS TRES EDADES DE LA VIDA INTEROR


PREFACIO

INTRODUCCIÓN

I. LA ÚNICA COSA NECESARIA

II. LA ÚNICA, COSA NECESARIA EN NUESTRA ÉPOCA

III. OBJETO DE ESTA OBRA

IV.EL OBJETO DE LA TEOLOGÍA ASCÉTICA Y MÍSTICA

V. EL MÉTODO EN LA TEOLOGÍA ASCÉTICA Y MÍSTICA

VI.COMO CONCEBIR LA DISTINCIÓN Y LAS RELACIONES ENTRE LA ASCÉTICA Y LA MÍSTICA

VII. DIVISIÓN DE ESTA OBRA

PRIMERA PARTE

LAS FUENTES DE LA VIDA INTERIOR Y SU FIN

C. 1 LA VIDA DE LA GRACIA,

C. 2 LA V IDA INTERIOR

C. 3. DEL ORGANISMO ESPIRITUAL

C. 4. LA SANTISIMA TRINIDAD,

C. 5 INFLUJO DE CRISTO REDENTOR

C. 6. LA INFLUENCIA DE MARIA MEDIADORA

C. 7. DEL AUMENTO DE LA VIDA DE LA GRACIA

C. 8. LA PERFECCIÓN CRISTIANA.

C. 9. GRANDEZA DE LA PERFECCIÓN CRISTIANA

C. 10. PERFECCIÓN Y HEROISMO

C. 11. LA PLENA PERFECCIÓN CRISTIANA

lunes, 14 de febrero de 2011

ESCUCHE LA NUEVA SECCIÓN DE AUDIOS CATÓLICOS DEL CENTRO DE ESTUDIOS SAN BENITO

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San Benito bendiciendo a San Mauro; Juan Correa del Vivar, s. XVI
Con el favor Divino nos complace compartir con ustedes nuestra nueva sección de  nuestro sitio web del Centro de Estudios San Benito, donde podrá encontrar en lo sucesivo diversos audios sobre temas de sagrada teología, filosofía, apologética, historia, etc.,  que tendrán como objetivo ofrecer una recta y completa formación doctrinal y espiritual católica accesible a toda persona interesada en conocer los fundamentos de la Religión Católica Romana y que quiera salvar su alma.

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Encomendamos a la Santísima Virgen María este apostolado para la mayor Gloria de Dios.
 
Agradecemos la difusión de esta novedad.

Atentamente,

Gerardo Cabello Celis
Oblato benedictino

CURSO SUPERIOR DE RELIGIÓN Dogma - Moral - Culto - Apologética -- Lección 9


LECCIÓN 9ª 
PARTE IV - FUENTES DE LA REVELACION


LA SAGRADA ESCRITURA Y LA TRADICION



La Revelación está contenida en la Sagrada Escritura y en la Tradición. a) Una parte de las verdades reveladas fue escrita por aquellos a quienes Dios las reveló; y se llama Sagrada Escritura, b) Otra parte no fue escrita, sino trasmitida verbalmente; y se llama Tradición.

[Nota nuestra: Se comete un error al no mencionar la Tradición como “Sagrada Tradición” o “Santa Tradición”; es doctrina de la Iglesia que tanto la Escritura como la Tradición son Fuentes de la Divina Revelación. Esto da pie a que la Sagrada Tradición se vea como devaluada frente a la Sagrada Escritura.]

La Sagrada Escritura y la Tradición contienen, pues, toda la doctrina revelada; y se llaman por eso las fuentes de la Revelación.

Tanto la Escritura como la Tradición son la palabra de Dios, esto es, su enseñanza comprobada por milagros y profecías; con la diferencia de que la Tradición no fue escrita por aquellos a quienes Dios la reveló: aunque después con el tiempo otras personas sí pudieron escribirla, para conservarla con mayor fidelidad.

El conjunto de las verdades de la Escritura y de la Tradición se llama el "Depósito de la fe".
 
CAPITULO I — LA SAGRADA ESCRITURA

 36. Art. 1º SU NATURALEZA

La Sagrada Escritura es la palabra o enseñanza de Dios, puesta por escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo, por aquellos a quienes Dios la reveló. En consecuencia, "tiene a Dios por autor", como dice el Concilio Vaticano [Pío IX].

La Sagrada Escritura se llama Biblia (del griego biblos, que significa libro), porque es el libro por excelencia.

La Biblia ha sido traducida (del hebreo y griego en que fue escrita) a todos los idiomas infinidad de veces. La más celebre de las traducciones es la Vulgata, hecha por San Jerónimo (muerto en el año 420), al idioma latino, y que la Iglesia reconoce como versión oficial. Llámase vulgata porque entonces el latín era reputado lengua vulgar o popular respecto al griego. También es célebre la traducción de los setenta, que remonta más o menos al año 130 antes de Cristo. Es la versión de los libros del antiguo Testamento, del hebreo al griego, hecha según tradición por setenta sabios de Alejandría.

37. La inspiración de la Sagrada Escritura

La inspiración divina de la Escritura consiste en tres cosas, a saber: a) Dios indujo a los autores a que escribieran los libros santos; b) les sugirió lo que debían decir; c) los preservó de error.

Nota, a) No consiste pues en que la Iglesia hubiera aprobado con su autoridad libros escritos por industria humana; sino en las tres condiciones indicadas.

La Sagrada Escritura es a un tiempo obra de Dios y del hombre; de Dios, como causa principal; del hombre, como causa instrumental.

Cuando el músico se sirve de un instrumento para obtener sonidos, el artista es la causa principal del sonido, y el Instrumento la causa instrumental. Así Dios, dicen los santos Padres, se valió del hombre como de un instrumento para escribir los santos libros.

Aunque el autor es un instrumento en las manos de Dios, no deja de ser un instrumento inteligente y libre, que usa conscientemente de sus facultades: sentidos, inteligencia, memoria, voluntad.

En consecuencia, el escritor sagrado: a) puede utilizar conocimientos adquiridos por él de antemano, b) Conserva su personalidad, su estilo y expresiones peculiares, hasta sus incorrecciones de lenguaje; pues a estas cosas no se les extiende la inspiración.


La misma Escritura afirma el hecho de la inspiración. Así Cristo dice que "David habló inspirado por el Espíritu Santo" (Marc. 12, 36). Y San Pablo declara que "Toda escritura es inspirada por Dios". (II Tim. 3, 16).

38. División de la Sagrada Escritura

La Sagrada Escritura se divide en antiguo y nuevo Testamento. El antiguo comprende los libros escritos antes de Cristo. El nuevo los escritos después de El.

Testamento significa pacto o alianza. La Revelación, por las promesas que hace Dios en ella, y por las obligaciones que impone, es un verdadero pacto entre Dios y los hombres.

Lección 10


39. Art. 2º EL ANTIGUO TESTAMENTO