martes, 28 de diciembre de 2010

LEA Y BAJE EL LIBRO DE LA SEMANA


MANUAL DE TEOLOGÍA DOGMÁTICA DE LUDWIG OTT, Herder, 1963



LEER O BAJAR AQUI


Presentamos a usted uno de los mejores libros sobre el estudio de los Dogmas de la Iglesia Católica Romana traducidos al castellano. La versión es una edición de 1963, la última sin errores doctrinales, excenta de las modificaciones que tuvieron las ediciones posteriores de la obra por influjo del pseudo concilio Vaticano II.


Considerado un clásico de la dogmática, este manual expone de la forma más clara y precisa la doctrina católica y sus fundamentos en las fuentes de la revelación(Sagrada Escritura y Sagrada Tradición). Ludwig Ott presenta en cada tema las declaraciones más significativas del Magisterio de la Iglesia, desde los dogmas hasta las opiniones teológicas, también algunos de los textos bíblicos y patrísticos más importantes y expone el desarrollo histórico de los dogmas y las herejías más importantes. Todo ello, con fidelidad a la teología escolástica, dando preferencia al método positivo(cierto y seguro)sobre el especulativo aunque con numerosas citas de Santo Tomás de Aquino, para profundizar en este campo. La existencia de Dios, los atributos divinos, el dogma trinitario, la creación, las dos naturalezas de Cristo, la gracia, los sacramentos -con especial énfasis en la Sagrada Eucaristía- o el pecado son algunos de los temas que Ott desarrolla en este manual de obligada lectura para los estudiantes de teología y todo aquel que quiera profundizar en la doctrina católica.


DATOS DEL AUTOR:


Ludwig Ott (1906-1985) se doctoró en la Universidad de Múnich con una tesis sobre teología medieval. Desde 1941 ejerció como profesor de dogmática en la Universidad Católica de Eichstaett hasta que ocupó el cargo de rector.


Agradecemos la gentileza y excelente trabajo que realiza www.obrascatolicas.com en preservación de la literatura católica tradicional.

DÍA DE LOS SANTOS INOCENTES, MÁRTIRES

Desde la Sociedad Religiosa San Luis Rey de Francia


“Vox in Rama audita est, plorátus et ululates: Rachel plorant filios suos, et nóluit consolári, quia non sunt” (“Una voz fue oída en Ramá, muchos lloros y alaridos: es Raquel que llora sus hijos, sin querer consolarse, porque ya no existen”, Mt. 2, 18), reza la antífona de Communio en la Sancta Missa de los Santos Inocentes, mártires, que dieron sus pequeñas vidas por el Cordero inmaculado, Nuestro Señor Jesucristo. ¡Cuán dignos de compasión son estos pobres niños, considerados desde un punto de vista natural! Y sin embargo, ¡cuán feliz fue su suerte, si la consideramos desde el punto de vista sobrenatural!

Y ante todo ocurre preguntar: ¿qué habría sido de estos niños a no morir a tan tierna edad? Tal vez se habrían manchado con placeres deshonestos, y más tarde habrían sido enemigos del Salvador y acaso cooperadores de su muerte… En todo caso, no habrían llegado a ceñir su frente con una corona, y su felicidad no habrá dejado de naufragar en la ruina que más tarde sobrevino a todo el pueblo judío.

Preguntémonos ahora qué es lo que ha sido de aquellas inocentes víctimas. Son santos, y santos poderosos, que, según se dice, han recibido de Dios especial poder de intercesión para la hora de la muerte. Son almas inocentes que en el cielo ostentan la aureola de la virginidad. Por eso en la Sancta Missa de hoy, la Iglesia les aplica aquel hermoso pasaje del Apocalipsis, en donde San Juan pinta la felicidad y la gloria de las almas inocentes en el cielo. Son finalmente, santos mártires. La Iglesia los reconoce como tales, porque perdieron su vida por Cristo, y celebra su fiesta de un modo especialmente solemne, aun cuando cae en días de júbilo dentro de la Octava de Navidad. Ellos fueron objeto de una profecía de Jeremías. Jeremías presentó a Raquel, una de las madres primitivas de Israel, llorando con los mismos lamentos sobre el cautiverio del pueblo de Dios en Babilonia, y sobre su reprobación final, hacia lo que la matanza de los inocentes fue el primer paso, con el fin de matar entre ellos al Mesías. El destino de aquellos niños está ligado con el de todo un pueblo, su muerte es profecía y principio de la perdición de toda la nación.

Los niños inocentes encontraron, pues, su felicidad en su martirio. Al trasponer los umbrales de la vida, dice la Iglesia, en un himno a ellos dedicado, habían llenado ya su misión. Rápidamente y sin dolor, al menos sin dolor consciente. En un instante, sin más tiempo que el preciso para cortarles el cuello. Cerraron sus ojos al mundo terrenal y a sus padres carnales, y los abrieron para contemplar eternamente la hermosa faz de Dios.

Ellos fueron la salvaguardia del Salvador, y a ellos les debemos todo lo que por nosotros hizo en los treinta y tres años de su vida. Por esta íntima relación de los Inocentes con Jesús, los ama y festeja tanto la Iglesia, así como también María les debió guardar una compasiva ternura en su corazón. En una encantadora visión, el cantor eclesiástico ve a los pequeños mártires en la gloria jugando alrededor de la Virgen con su Hijo divino: “Vos prima Christi víctima, Grex immolatórum tener, Aram sub ipsam símplices Palma et corónis lúditis” (“Vosotros sois las primeras víctimas de Cristo, los tiernos corderos inmolados por Él; y jugáis, inocentes, ante su altar con vuestras palmas y coronas”). Amén.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Respuestas a las objeciones contra la posición católica sedevacantista


(Tomado del libro LA VERDAD DE LO QUE PASÓ A LA IGLESIA CATÓLICA DESPUÉS DEL VATICANO II, escrito por los Monjes benedictinos, Hnos. Michel y Peter Diamond.)


21. Las Respuestas a las Objeciones más Comunes contra el Sedevacantismo

El Papa Vigilio, Segundo Concilio de Constantinopla, 553:
“…tenemos en cuenta lo que fue prometido para la Santa Iglesia y Aquel quien lo dijo que las puertas del infierno no prevalecerán contra ella (por estos lo entendemos como las lenguas mortales de los herejes)…” (Decrees of the Ecumenical Councils, «Los Decretos de los Concilios Ecuménicas», edición inglesa, Sheed & Ward and Georgetown University Press, 1990, Vol. 1, p. 113).

Hay muchas objeciones lanzadas contra la posición sedevacantista – es decir, la posición expuesta en este libro según el cual la Cátedra de San Pedro está vacante debido a que los «papas» pos-Vaticano II no son papas verdaderos, sino que son antipapas no católicos. Ahora vamos a tratar todas las objeciones principales que se ponen en marcha en contra de esta posición.

1ª OBJECIÓN: Las puertas del infierno no pueden prevalecer contra la Iglesia, como Cristo dijo (Mateo 16). Él dijo que estaría con su Iglesia todos los días hasta el fin del mundo (Mateo 28). Lo que dices es contrario a las promesas de Cristo.

Respuesta: No, la indefectibilidad (la promesa de Cristo que siempre estaría con su Iglesia, y que las puertas del infierno no prevalecerán contra ella) significa que la Iglesia, hasta el fin del tiempo, permanecerá siendo esencialmente lo que es. La indefectibilidad de la Iglesia requiere que al menos un remanente de la Iglesia exista hasta el fin del mundo, y que un verdadero Papa nunca enseñaría el error autoritativamente para toda la Iglesia. Esto no excluye a los antipapas que se hacen pasar como papas (como hemos tenido en numerosas ocasiones en el pasado, incluso en Roma) ni a una secta falsa que reduce a los partidarios de la verdadera Iglesia Católica a un remanente en los últimos días. Esto es precisamente lo que es predicho que ocurriría en los últimos días y lo que ocurrió durante la crisis arriana.


San Atanasio“Los católicos que se mantienen fieles a la Tradición aún si ellos son reducidos a un manojo, ellos son la verdadera Iglesia de Jesucristo.” (Coll. Seleta SS. Eccl. Patrum. Caillu and Guillou, Vol. 32, pp. 411-412). 



¡Por otra parte, cabe señalar que la Iglesia ha definido que los herejes son las puertas del infierno en donde es mencionado por Nuestro Señor en Mateo 16! 

El Papa Vigilio, Segundo Concilio de Constantinopla, 553: 
“…tenemos en cuenta lo que fue prometido para la Santa Iglesia y Aquel quien lo dijo que las puertas del infierno no prevalecerán contra ella (por estos lo entendemos como las lenguas mortales de los herejes)…” (Decrees of the Ecumenical Councils, «Los Decretos de los Concilios Ecuménicas», edición inglesa, Sheed & Ward and Georgetown University Press, 1990, Vol. 1, p. 113). 

El Papa San León IX, 2 de sept. de 1053: “La Santa Iglesia edificada sobre la piedra, esto es, sobre Cristo, y sobre Pedro… porque en modo alguno había de ser vencida por las puertas del infierno, es decir, por las disputas de los herejes, que seducen a los vanos para su ruina.” (Denzinger, El magisterio de la Iglesia. Manual de los símbolos, definiciones y declaraciones de la Iglesia en materia de fe y costumbres, Barcelona 1963, no. 351). 

Santo Tomás de Aquino (+1262): “La sabiduría puede llenar el corazón de los fieles, y callar la insensatez temerosa de los herejes, adecuadamente referidos como las puertas del infierno.” Intro. a Aurea Catena.(The Sunday Sermons of the Great Fathers, «Los Sermones Dominicales de los Grandes Padres», edición inglesa, Regnery, Co: Chicago, IL, 1963, Vol. 1, pp. xxiv.) 

Téngase en cuenta que los herejes son las puertas del infierno. Los herejes no son miembros de la Iglesia. Por eso es que un hereje nunca podría ser un papa. Las puertas del infierno (los herejes) nunca podrían tener autoridad sobre la Iglesia de Cristo. Los que dicen que las puertas del infierno prevalecieron contra la Iglesia no son aquellos que están denunciando a los antipapas heréticos del Vaticano II, sino que son aquellos que los defienden obstinadamente como papas, a pesar de que se puede demostrar claramente que son herejes manifiestos. 

El Papa Inocencio III, Eius exemplo, 18 de dic. de 1208: 
“Creemos de todo corazón y profesamos con nuestros labios una sola Iglesia, no la de los herejes, sino la santa Iglesia, Romana, católica y apostólica, fuera de la cual creemos que nadie puede salvarse.” (Denzinger 423). 

San Francisco de Sales (siglo 17º), Doctor de la Iglesia, La Controversia Católica, pp. 305-306: “Ahora, cuando él [el Papa] es explícitamente un hereje, cae ipso facto de su dignidad y fuera de la Iglesia...” 

No hay ni una enseñanza de la Iglesia Católica que se pueda citar que sea contrario al hecho de que existe actualmente una secta falsificadora que ha reducido a la verdadera Iglesia Católica a un remanente en los días de la gran apostasía, que está presidida por antipapas que falsamente se hacen pasar como papas. Los que afirman que la secta del Vaticano II es la Iglesia Católica afirman que la Iglesia Católica apoya oficialmente a las religiones y doctrinas falsas. Esto es imposible y significaría que las puertas del infierno prevalecieron contra la Iglesia Católica. 

Continuará....con el favor de Dios 

martes, 19 de octubre de 2010

CURSO SUPERIOR DE RELIGIÓN Dogma - Moral - Culto - Apologética

CURSO SUPERIOR
DE RELIGIÓN

DOGMA – MORAL – CULTO
APOLOGÉTICA

Por el Pbro.
J. RAFAEL FARIA

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Lección 3º

CAPÍTULO I — NATURALEZA DE LA REVELACIÓN

La Revelación es la manifestación que Dios hace a los hombres, en forma extraordinaria, de algunas verdades religiosas, imponiéndoles la obligación de creerlas.
Se dice: “en forma extraordinaria”, para distinguirla del conocimiento natural y ordinario que alcanzamos por la razón.
Dios ha hecho las revelaciones así: manifiesta las verdades que desea se conozcan a algún varón elegido por Él, le manda que las enseñe a los demás, y comprueba con milagros que en verdad Él las reveló.

10. Revelaciones públicas y privadas

Hablando en un sentido general, podemos distinguir dos clases de revelaciones: la revelación pública y las revelaciones privadas.

Revelación pública es la que ha hecho Dios directamente para la utilidad de todo el género humano. P. e. la hecha a Moisés en el Sinaí; y la efectuada por N. S. Jesucristo.

Revelaciones privadas son las que ha hecho a algunas personas para su utilidad particular.

Ejemplos: las hechas a Santa Gertrudis, a Santa Teresa de Jesús, a Santa Margarita María cuando N. Señor le pidió el establecimiento de las fiesta del Sdo. Corazón y de la devoción de los primeros viernes.
La revelación pública ha sido hecha por Dios directamente para la utilidad de todo el género humano, e impone la obligación de aceptarla a todos los hombres.
Las revelaciones privadas directamente son hechas para la utilidad particular y no imponen la obligación de aceptarlas sino a las personas a quienes fueron hechas, o a las personas que tienen plena certeza de ellas, lo que ocurre raras veces.
Respecto a las revelaciones privadas conviene advertir:


a) Las revelaciones privadas no forman parte de la fe, ni enseñan verdades nuevas; sino que han sido hechas para ilustrar las verdades ya reveladas, y hacernos adelantar en la perfección cristiana.
b) La Iglesia no las aprueba sino después de maduro examen; y al aprobarlas no pretende enseñar que cuanto en ellas se diga sea verdadero, ni mucho menos hacerlas obligatorias. Únicamente garantiza que en ellas no se dice nada contrario a la fe y a las buenas costumbres.
c) No podemos despreciar las revelaciones privadas, pues en general traen enseñanzas de gran utilidad para la vida cristiana.
d) Algunas veces la aprobación de la Iglesia no es una simple certificación de que no hay en ellas nada contra la fe y la moral; sino una afirmación de su origen divino. Tal pasa, p. e. con las revelaciones del escapulario del Carmen a San Simón Stock, de la devoción al Sdo. Corazón, a Santa Margarita María, etc. Aunque en ningún caso llegan a ser artículo de fe.
Las demás revelaciones sólo nos merecen fe humana, de acuerdo con las condiciones intelectuales y morales de la persona que las tuvo.
La Revelación pública terminó con los Apóstoles; después de ellos Dios no ha revelado nuevas verdades que sean objeto de fe.

11. Art. 1º OBJETO DE LA REVELACIÓN

Dios nos ha manifestado en la Revelación:

a) Múltiples hechos históricos algunos íntimamente ligados con la fe; p. e. el
nacimiento, vida y muerte del Salvador.
b) Muchas verdades necesarias o convenientes para nuestra salvación; p. e. su
infinita sabiduría y el misterio de la Sma. Trinidad.

De estas verdades: a) unas no podía conocer nuestra razón; b) otras podía conocerlas, pero con mucha dificultad e incertidumbre.

Así de ninguna manera podíamos conocer el misterio de la Sma. Trinidad. Podíamos conocer, pero con dificultad, incertidumbre y mezcla de error otras verdades; p. e. que no hay sino un solo Dios, y que es espíritu puro y creador de cuanto existe.

1º Dios ha querido revelarnos verdades que de ninguna manera podíamos conocer por la pura razón:

a) Para perfeccionar nuestro entendimiento con conocimientos más elevados;
a) Para darnos a conocer el orden sobrenatural.

El orden sobrenatural consiste en la elevación del hombre por la gracia santificante, de simple criatura a la dignidad de hijo de Dios y heredero del cielo. Y también en los medios que Dios eligió para devolvernos la gracia y el derecho al cielo que perdimos por el pecado; principalmente los misterios de la Encarnación y Redención.

2º Dios quiso manifestarnos verdades que nuestra razón podía conocer pero con dificultad, incertidumbre y mezcla de error, para que todos los hombres pudieran conocerlas con facilidad, con certeza y sin mezcla de error.

Lección 4ª

CAPÍTULO II — CONDICIONES DE LA REVELACIÓN
Su posibilidad, utilidad, necesidad.

martes, 21 de septiembre de 2010

PRIMICIA: DESDE HOY OFRECEREMOS UNA DE LAS MEJORES OBRAS DE DOCTRINA CATÓLICA EN ESPAÑOL

CURSO SUPERIOR DE RELIGIÓN

DOGMA – MORAL – CULTO
APOLOGÉTICA


Por el Pbro.
J. RAFAEL FARIA


NOVENA EDICIÓN


COLOMBIA - 1957

A MARÍA INMACULADA
Madre del Verbo
Amparo de la iglesia
Maestra y Guía del cristiano
dedica esta obra EL AUTOR


NIHIL OBSTAT
L. M. FAFIN
C. J. M.


Bogotae, die 19 decembris 1941
IMPRIMATUR
†ALOISSIUS ANDRADE VALDERRAMA
VIC. GEN.



PRIMER TRATADO PRELIMINAR
PARTE I — DE LA RELIGIÓN


1ª lección
CAPÍTULO I — NATURALEZA DE LA RELIGIÓN

1. Sentido y origen de la palabra religión

La palabra religión se puede tomar en
dos sentidos principales:

a) Como una ciencia que perfecciona nuestro entendimiento; así decimos que
la Religión es la más necesaria de las ciencias.

b) Como una virtud que perfecciona nuestra voluntad, como cuando decimos
que una persona es muy religiosa.


Tiene también otros sentidos. Significa: a) fe o Iglesia, (se convirtió a la religión católica); b) ciertas órdenes religiosas, (entró a la religión del Carmelo).

Nosotros en este Curso la vamos a considerar como ciencia que ilustra nuestra inteligencia y además al tratar de las virtudes, la estudiaremos como virtud.
Conviene además advertir que del conocimiento de la Religión nace la virtud de religión, porque no podemos amar, honrar y servir a Dios sin antes conocerle.
La palabra religiosa viene probablemente del verbo latino religare, que significa ligar, atar; pues la religión es el lazo que une al hombre con Dios mediante su amor y servicio.

2. Su definición

La Religión es la ciencia que nos enseña el conocimiento de Dios, de los deberes que nos ha impuesto, y los medios que nos llevan a Él.

1º Se dice que es la ciencia del conocimiento de Dios, porque este es el fin que la Religión se propone. Como la aritmética nos lleva al conocimiento de los números, así la religión al conocimiento de Dios.

La Religión enseña también cierto número de verdades que se refieren a Dios, y que por eso toman el nombre de verdades religiosas; p. e. la existencia de nuestra alma y de otra vida después de la muerte.

2º La Religión es la ciencia de los deberes que Dios nos ha impuesto, porque siendo Dios el Ser Supremo, y también nuestro Creador y último fin, nos ha impuesto ciertos deberes que tenemos la obligación de cumplir y que la Religión nos enseña.

De estos deberes unos miran directamente a Dios, otros al prójimo, y otros a nosotros mismos. Por ejemplo:

a) Para con Dios, tenemos el deber de adorarlo y servirlo.
b) Para con el prójimo, el deber de respetar su vida y sus bienes.
c) Para con nosotros mismos, el de procurar nuestra salvación.

3º Se agrega que la Religión es la ciencia de los medios que llevan a Dios, porque Dios se ha dignado manifestarnos ciertos medios muy a propósito para conducirnos a Él, medios que la Religión estudia; p. e. la oración, los sacramentos y las virtudes.

Dios en su bondad ha dispuesto que estos medios, al mismo tiempo que honran a Dios santifiquen nuestra alma. Por eso reciben el nombre de medios de santificación.

3º Elementos que encierra

La Religión encierra tres elementos: el dogma, la Moral y el Culto.

El Dogma comprende las verdades que debemos creer. La Moral, las obras que debemos practicar. Y el Culto, los medios con los cuales honramos a Dios y procuramos nuestra salvación.

Están compendiados principalmente: El Dogma en el Credo, la Moral en los Mandamientos, y el Culto en la oración y los sacramentos. Pertenecen también al Culto las diversas ceremonias de la Iglesia, que llevan el nombre de Liturgia.

El Dogma es el elemento fundamental de la Religión. En efecto, sin conocer a Dios, a la Religión revelada por Él, y a la Iglesia fundada por Él, mal podemos obedecer sus mandamientos, ni aprovechar los medios de santificación que nos brinda.

4º Facultades que perfecciona — Su fin

En el hombre hay tres facultades principales:

1ª La facultad de conocer, o sea el entendimiento. Así, el entendimiento comprende que es bueno y necesario honrar a Dios.

2ª La facultad de querer y obrar, que es la voluntad. Así, una vez que conozco que es bueno honrar a Dios, me resuelvo a hacerlo. — Se dice facultad de querer y obrar, porque cuando queremos una cosa, nos movemos a hacerla.

3ª La facultad de sentir, o sea el corazón. Mediante ella amamos o aborrecemos, nos alegramos o entristecemos, y experimentamos todos los demás sentimientos.

La Religión perfecciona todas estas tres facultades; y de esta suerte, eleva y perfecciona al hombre entero.

El Dogma perfecciona el entendimiento, enseñándole las verdades que debe conocer y creer.

La Moral perfecciona la voluntad, enseñándole lo que debe hacer y lo que debe evitar para salvarse.

El Culto perfecciona a la vez la voluntad y el corazón.

a) La voluntad, en cuanto la fortalece, mediante la gracia, la oración y los sacramentos.
b) El corazón, en cuanto mediante las sagradas imágenes, el canto, la predicación y todas las ceremonias sagradas, hace nacer en él sentimientos de religiosidad y de piedad.

En la Religión podemos distinguir un doble fin: a) Su fin próximo, que es el conocimiento, amor y servicio de Dios en esta vida. b) Y su fin remoto, que es el procurarnos la posesión de Dios en el cielo.