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jueves, 23 de abril de 2009

El caballo de Troya en la Iglesia


Von Hildebrand recuerda que “Cristo no puede menos que ser escándalo para el mundo en todas las épocas de la historia, por el antagonismo esencial que existe entre el espíritu de Cristo y el espíritu del mundo".

Análisis Digital, 22/04/09 - La respuesta de no pocos cristianos y la reacción de algunos eclesiásticos centroeuropeos ante las obras de misericordia del corazón del Papa; la desidia y la dejadez de no pocos; el empeño de algunos de conjugar su confesión de cristianos con el aborto y con la negación de verdades de fe reveladas; las reacciones de quienes aprovechan el misterio del mal en la vida de un fundador para atacar a quienes viven en fidelidad el carisma del Reino de Cristo; la distancia o la desafección de quienes murmuran en privado y callan en público debiendo hablar con claridad; una dialéctica, como siempre nefasta, que sostiene que el progreso interno de la Iglesia se realiza desde la tesis a la antítesis; la división interna de quienes tiene la responsabilidad de ser signos de unidad, “que todos sean uno”, y son causa de división; los conflictos y una intensa judicialización de las disputas dentro de la Iglesia; las memorias recién editadas de un anti-papa mediático epígono de una forma de entender el mensaje cristiano y la Iglesia en permanentes rebajas; la ruptura entre la fe que profesan y la vida ordinaria, entre libertad y verdad, entre fe y moral… son síntomas del caballo de Troya en la ciudad de Dios. Un cristianismo sin cruz, una Iglesia sin santos, no es ni cristianismo, ni Iglesia. Vivimos tiempos para retomar algunas de las grandes obras de reforma de la Iglesia, de auténtica, de verdadera reforma postconciliar.

En los años setenta se publicó un libro del filósofo Dietrich Von Hildebrand, “El caballo de Troya en la ciudad de Dios”, que concluye con un epílogo que de nuevo debiera ser meditado a la sombra de la cruz. Si como dice Hans Urs von Balthasar, “hay que erigir al hombre moderno (una entidad verdaderamente crítica) en la medida de lo que la Palabra de Dios ha de decir o no ha de decir”, entonces se acabó la religión.

Von Hildebrand recuerda que “Cristo no pude menos que ser escándalo para el mundo en todas las épocas de la historia, por el antagonismo esencial que existe entre el espíritu de Cristo y el espíritu del mundo. La verdadera renovación de la Iglesia, como hace notar Urs von Balthasar, consiste en eliminar lo que hay de falso en la Iglesia –los escándalos anticristianos-, a fin de poner de relieve el verdadero escándalo de la Iglesia, ese escándalo que está enraizado en su misión misma”. El escándalo de la Cruz: ser transformados en Cristo y glorificar a Dios alcanzando la santidad.

La sombra de la cruz alcanza a toda la humanidad. Pronto hemos olvidado lo que algunos católicos decían durante los años 1933 a 1936 en Alemania: mientras Hitler no persiga a la Iglesia, no podía considerarse un enemigo de ella. Nos olvidamos con demasiada frecuencia de que san Ambrosio había negado al emperador Teodosio la entrada en la Iglesia por haber matado en Samos a 6.000 personas. Quien no mira a la cruz, quien no escucha a Dios, no tiene nada que decir al mundo.


José Francisco Serrano Oceja.

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