U.I.O.G.D.

UT IN OMNIBUS GLORIFICETUR DEUS (Santa Regla 57, 9)

Que Dios sea glorificado en todas las cosas



O LA VERDAD ES ENTERA O NO ES VERDAD

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sábado, 11 de abril de 2009

EL LIBERALISMO ES MASÓNICO (es decir anticatólico)


Los dos significados de la palabra "liberal"

Liberal, de la palabra latina liberalis, se dice de aquel que es generoso (capaz de "liberalidades") y, más generalmente, de todo lo que es digno de una persona de condición libre, en oposición a la condición de esclavo. Liberales artes o doctrinae, las "artes liberales", es la erudición. Este primer significado sobrevive más o menos en la expresión: las "profesiones liberales" (abogado, médico, arquitecto, escribano, etc.), es decir las que se ejercen más libremente que las profesiones asalariadas. La liberalidad es ya sea tener la disposición a dar generosamente, ya sea el don mismo hecho con generosidad. Ser liberal, en el sentido que emplean esta palabra Bossuet, Moliere y La Fontaine, es lo contrario de ser mezquino o avaro.

Este primer significado no hace ninguna referencia a una doctrina política o moral particular.

El segundo significado es ideológico. El liberal es entonces un partidario del liberalismo, doctrina a la vez económica, moral, política, religiosa, que hace de la libertad el principio director (supremo o inclusive único) de la vida individual o colectiva.

Ideología a la vez filosófica y religiosa, política y moral, económica y social, el liberalismo encuentra resumida su expresión más definitiva en el himno que una jerarquía masónica hacía cantar en 1984 a las organizaciones católicas en el momento de las manifestaciones por la libertad escolar: "Libertad, creo que tú eres la única verdad."

El primer error del liberalismo


Haciendo de la libertad el principio supremo o único de la organización política y social, el liberalismo comete el error de no reconocer su justo lugar a otros principios, iguales o superiores: entre otros el principio nacional, enaltecido por el nacionalismo, ya que ubica el bien común nacional por encima de los intereses particulares.

El segundo error del liberalismo

Pero, además, la libertad de la cual el liberalismo hace su principio supremo no es cualquier libertad abstracta o concreta. Es una cierta libertad: la entendida en un sentido muy determinado, aquel de la "declaración de los derechos del hombre" de 1789.

Los derechos del hombre


Los sostenedores del liberalismo unánimes reconocen que "los derechos del hombre son el problema fundamental del mundo de hoy". Ellos dejan 1793 para la "izquierda marxista" y reclaman la de 1789 como si fuera "la propiedad de los liberales" y su "herencia".

No digo que apruebe que los liberales invoquen continuamente los "derechos del hombre" en general, más que hablar a unos y a otros de sus deberes recíprocos, pero puedo comprenderlo de parte de los parlamentarios que imaginan dirigirse a sus futuros electores.

Sin embargo, existen otras "declaraciones de derechos" que aquélla de 1789. Existe la "declaración universal de los derechos del hombre" hecha por la ONU en 1948. Por su origen y por su destino es mucho más "universal" precisamente y, en cierta manera, más oficial que la de 1789. Por otra parte y algo diferente mencionamos los derechos de la familia, que con frecuencia los católicos invocan cuando desean mostrar que también ellos pueden hablar de los "derechos del hombre", señalando, en la necesidad, que es menos criticable. Y primeramente estaba la declaración americana de 1776, que en varios de sus artículos no era mucho mejor que la francesa de 1789, pero tenía al menos sobre ella la ventaja de invocar a Dios y de fundar los derechos del hombre sobre la voluntad divina mas bien que sobre el arbitrio humano.

Teóricamente existe pues un cierto margen de elección. Entre estas diversas declaraciones de los derechos los liberales tienen la costumbre de apoyarse en la que es más discutible y, en todo caso ciertamente, la más masónica: la de 1789.

El plan masónico

La "declaración de los derechos del hombre" y la "del ciudadano" del 26 de agosto de 1789 figura en el preámbulo de la primera constitución francesa, que fue la del 3 de setiembre de 1791.

La constitución de 1791 no es, en resumen, más que la primera constitución política de Francia. Otra constitución la precedió, consecuencia aún más directa, más próxima, a la declaración de los derechos de 1789, fue una constitución religiosa: la "constitución civil del clero" del 12 de julio de 1790.

Pues si la masónica declaración de los derechos de 1789 era dirigida contra el "Antiguo Régimen" en general, estaba más dirigida contra el Antiguo Régimen religioso que contra el Antiguo Régimen politico; más contra la Iglesia que contra la monarquía, y es por eso que la constitución política de 1791 define entonces a Francia como un "reino", declara que el "gobierno es monárquico" y que es ejercido por "el rey"; y que el "trono se delega hereditariamente al linaje reinante de varón a varón, por orden de primogenitura". Pero más de un año antes, la constitución religiosa de 1790 había jurídicamente desintegrado la Iglesia católica de Francia.

Este plan masónico contra la Iglesia fue de tal manera prioritario que fue puesto en práctica por la Asamblea constituyente desde el 20 de agosto de 1789, es decir antes mismo que fuera terminada la declaración de los derechos del hombre. Era la primera urgencia. Así, la cronologia muestra ya que el "liberalismo" de 1789, del cual hacen referencia nuestros liberales, era esencialmente anticatólico.

La declaración de los derechos de 1789 contenía sin duda la condenación de un cierto número de abusos efectivamente condenables y unánimemente reprobados. Pero contiene también la formación doctrinal del plan anticatólico de la francmasonería, por una nueva definición de lo que debe ser la libertad y de lo que es necesario rechazar como arbitrario; en adelante toda autoridad que no proceda expresamente de la voluntad general manifestada por el sufragio universal debe ser considerada como una autoridad arbitraría, siendo un intolerable ataque a la libertad. Es lo resultante de los artículos 3 y 6 y que, por otra parte, confirmaría la declaración universal de la ONU de 1948.

Proclamando que las únicas autoridades legítimas son aquellas que emanan expresamente de la voluntad general, los redactores de la declaración de 1789 pueden no haberse dado cuenta de que abolían así la autoridad del hombre sobre la mujer en el matrimonio, la de los padres sobre los hijos, la del maestro sobre los alumnos y así sucesivamente. Esto vendrá; la lógica del demonio seguirá su curso anárquico en el siglo XIX y sobre todo en el siglo XX. Pero la francmasonería, inspiradora y promotora de la declaración, sabía bien que así ponía fuera de la ley, como contrarios a los derechos del hombre, toda idea de una ley divina superior a la conciencia humana y toda autoridad espirítua1 de la Iglesia Católica. En consecuencia, desde 1790 fue decretado que los obispos, en adelante, serían elegidos por el colegio deparmental de los electores ordinarios, incluidos los electores no católicos o incrédulos.

La declaración masónica de 1789 estaba, pues, dirigida contra la religión católica. Michelet tuvo toda la razón al designar1a como "el credo de la nueva edad": es decir, destinada a tomar el lugar de Yo creo en Dios. La libertad de 1789 es la de "ni Dios, ni señor". En adelante, la única moral, la única religión eventualmente admisible es aquella de la cual cada conciencia, en su creatividad soberana, se forja una idea subjetiva, válida solamente para ella misma. Se le designa también a esto "antidogmatismo".

Un ideal característico

La pregunta que se plantea a propósito de los liberales no es la de su dependencia, de alguna manera administrativa, a una obediencia masónica. No es que esta pregunta no tenga importancia, mas, ¿cómo saberlo? La dependencia puede ser secreta y públicamente negada. Es la diferencia con una dependencia religiosa. Un católico no está de ningún modo obligado por su religión a manifestar que es miembro del Touring Club de Francia o de la Asociación Guillaume Budé, que aprueba a los amigos de Robert Brasillach, o al Socorro de Francia: pero jamás tiene el derecho, aunque debiese dar su vida, de disimular que es católico. Al contrario, parece que la ética masónica reconoce el derecho, eventualmente el deber de los francmasones, de disimular que lo son. Por otra parte, hay personas que se vuelven francmasones para tener mayor éxito en su carrera financiera, administrativa o política, sin comprometer sus convicciones. Sin duda ellos subestiman el hecho de que la solidaridad masónica pueda llevarlos mucho más lejos de lo que piensan. Que tal o cual liberal sea miembro de una logia y que lo sea con una intención más que con otra no lo sé y no tengo ningún modo de saberlo con certeza. Pero los liberales son los predicadores y los apóstoles del liberalismo masónico de 1789, cuyo segundo centenario se aprestan fervorosamente a celebrar. Por su ideal de referencia y por su doctrina así invocada son francmasones.

Una reivindicación limitada


¿Se necesita precisarlo? Analizando la naturaleza masónica del liberalismo francés no persigo de ninguna manera el plan inquisitorial, y que sería utópico en la V República tal como está constituida, de prohibir a los francmasones participar en la vida pública. Mi plan es mucho más modesto; mucho más limitado; pero es "democráticamente" legítimo: es que pudiéramos ser representados, nosotros que no tenemos relación con la francmasonería, por personas que no sean francmasones de hecho o de corazón. Los liberales no son forzosamente francmasones de hecho; son francmasones de corazón y por eso su corazón nos es exactamente revelado por los discursos sobre la declaración de los derechos de 1789. A medida que se aprende a conocer un poco mejor lo medular de los partidos políticos, de la representación parlamentaria, de la prensa, se advierte que los francmasones han sabido perfectamente establecerse en las formaciones y en los diarios con vocación de servirles. Pero también en los otros. En todos los otros o en casi todos.

Mi plan, a este respecto, modesto y limitado, siempre fue crear, favorecer, ampliar un espacio de libertad social y política donde los franceses de tradición nacional y católica pudiesen reconocerse, informarse, instruirse, concertarse, sin ser acompañados e influenciados por aquellos, concientes o no, más o menos afiliados secretamente a la francmasonería o intelectualmente anexados a su ideal antidogmático.
JEAN MADIRAN

LOS PLANOS DE CRECIMIENTO ESPIRITUAL


La Santísima Virgen señala que en los actuales tiempos en que se vive el crecimiento espiritual será muy difícil y, por momentos, hasta casi imposible.

Planos de Crecimiento Espiritual


Para mejor entender el proceso del crecimiento espiritual, explicaremos brevemente cada uno de estos planos de la siguiente manera:

Plano 7 = Plenitud

Plano 6 = purificación del alma o del plano 3

Plano 5 = purificación del entendimiento o del plano 2

Plano 4 = purificación del cuerpo o del plano 1

Plano 3 = Dios y los demás

Plano 2 = Yo y los demás

Plano 1 = Yo

Así pues el hombre con su caída – más adelante diremos en qué condiciones – se encontró de pronto en el plano 1, el yo, el egoísmo.

Primer Plano: “yo”

En este plano se manifiesta el egoísmo del hombre que todo lo quiere para sí mismo. Es la esencia del egoísmo. Incluso, cuando se hacen favores se piensa en sí mismo. Se recuerda aquel refrán de "hoy por ti y mañana por mí". Muchos de los hombres que pueblan la tierra viven en este plano. Es el mundo dominado por el pecado a donde fue desterrada por Dios la serpiente instigadora de los primeros padres.

En la sociedad continuamente se enseña que hay que sobresalir entre los demás. Se prepara a los hijos para ser el número uno de su clase o de su equipo. No se les enseña a ser el número uno en humildad o generosidad. No se les prepara para ser como Cristo. Se les dice que no sean tontos, que si les golpean se defiendan; que se preparen con una buena carrera para que el día de mañana no les falte nada material. No se preparan para ser cristianos o perdonar a sus enemigos. Se siembra el antagonismo, el rencor, el odio, la venganza y el egoísmo en los hijos.

Fruto de este egoísmo es lo que motiva a que el hombre se encuentre incapacitado de encontrar a Dios, pues sólo busca hacer su propia voluntad, y quiere llegar a Dios a su manera y hacerse una imagen de Dios a su medida y conveniencia. Y esta es una de las razones por lo que han surgido hoy extrañas filosofías y nuevas creencias que han oscurecido el Verdadero Camino que conduce al Padre, cuyo centro filosófico es una desmedida exaltación del yo, más como sinónimo de soberbia que como “el yo psicológico” y el “yo ontológico” que expresa y sustenta la personalidad del hombre en la tierra.[1]

En conclusión, el “yo” que reina en este primer plano es causante de la mayor parte de los males de la sociedad: el materialismo, la soberbia, el egoísmo, la murmuración, en fin, la falta de fe, de esperanza y, sobre todo, de caridad. Es por esto que la Santísima Virgen invita a salir de este plano, pues no se puede vivir el evangelio de Cristo mientras se permanece sumido en el “yo”, o sea, en el primer plano.

Para vencer el “yo”, María Santísima nos invita a vivir en sus virtudes y a llevar una vida de oración y sacrificio.

Segundo Plano: “yo y los demás”

Este plano o etapa es donde el hombre se da cuenta que a su alrededor hay otros seres humanos con los que tiene que interaccionar. Se da cuenta de que es un ser social por naturaleza y que los demás necesitan de él y él de los demás. Es cuando se siente llamado y motivado a darse desprendidamente a los demás. Es la etapa en la que se sale del egoísmo para mirar al prójimo. Aunque el hombre sigue actuando por egoísmo, por lo menos ya sale un poco de sí mismo para darse a los demás. Este es el plano del humanismo y del filantropismo, que está hoy muy en boga en ciertos estratos de la sociedad y que contribuye mayoritariamente a ayudar a los que padecen hambre, a los más necesitados, a los enfermos, etc. Muchas fundaciones se crean con este propósito, e incluso muchos deportistas, actores de cine y televisión, empresarios, etc. aparecen en primeras planas para anunciar sus donativos. Pero el problema es que Dios no aparece, sino que lo hacen por un sentido exclusivamente humanitario. No es que esté mal hacerlo, es bueno y loable. Pero muchas veces la vida de estas personas es diametralmente opuesta al pedido del evangelio. Por eso mientras el hombre no busque al Dios verdadero, en este plano no alcanzará la salvación.

No basta hacer buenas obras materiales para con los demás si no se busca crecer espiritualmente y servir a Dios. ¿Qué será lo más importante para dar al prójimo? Lo más importante para dar es la convicción de que el hombre ha sido creado para vivir para siempre. Es la convicción de la vida eterna que prometió nuestro Señor Jesucristo. Ese es el mayor tesoro que se puede compartir con los demás: la fe. El mundo tiene hambre de Dios y Dios prefiere que se ayude al hermano a vivir eternamente, pues como dijo Cristo en el evangelio, “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si al final pierde su alma? ”[2] Es el tesoro más valioso que se puede compartir con el prójimo, la esperanza de una vida eterna que no se puede comprar con todo el dinero del mundo. Ese regalo de la vida después de la muerte, de la vida verdadera para siempre, sólo nos lo puede dar Dios. Es el tesoro más preciado que pueda existir y Dios lo ha puesto a nuestra disposición. María, en este tiempo, quiere que los que se han hecho conscientes de esta realidad, compartan el tesoro de la fe que es el tesoro de la convicción de que hay una vida eterna y actuar en consecuencia.

No obstante, como Dios no deja de premiar el más mínimo vaso de agua que se da al sediento, todas estas acciones humanistas Dios las recompensa de distintas formas y con gracias para que el hombre vuelva a Él; si no lo hace, su generosidad ya estará recompensada y liquidada. Y, ¿la vida eterna? Nada, pues hay que amar al prójimo por amor a Dios, y ese es el siguiente plano.

Tercer Plano: “Dios y los demás”


En este plano es donde se vence el egoísmo, donde ya no se piensa en sí mismo, erradicando de la propia vida toda manifestación del “yo”. Es donde sólo se está al servicio de Dios y de los demás. En este plano se hace conciencia del gran mandamiento de la Ley de Dios: “Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos”[3].

A este plano es al que invita la Santísima Virgen cuando pide que cada uno sea instrumento de definición. En este plano se rompe con toda atadura y con el mundo. Sólo debe existir un deseo genuino de ser apóstoles al servicio de Cristo y María, para ganar almas para Dios. Es el desprendimiento total. Este plano es un plano de santidad pues ya no hay traza de egoísmo y soberbia. Es un plano difícil, pues se necesita vivir virtudes.

El tercer plano es pues el plano de santidad, donde se hace todo poniendo a Dios como prioridad y luego a los demás por amor a Dios. En este plano, el hombre ya no hace su propia voluntad sino que busca en todo cumplir la voluntad de Dios a través de quien se manifieste, según el caso.

El amor a Dios como prioridad en la vida hay que demostrarlo no solamente con la fe y palabras, sino con obras. Hay que amar al prójimo con la misma intensidad que el hombre se ama a sí mismo. Muchas veces se está dispuesto a darlo todo por los hermanos, hijos, familiares y amigos. Pero, ¿cuántas veces se está dispuesto a perdonar y a darlo todo por los enemigos o desconocidos, o por los que nos hacen daño y nos persiguen?[4]

En el tercer plano la manifestación del “yo” debe estar tan superada que esa lucha no debe existir y hay que darle todo a Dios sin excluir nada y sin pensarlo dos veces. Por eso se dice que éste es el plano de la gracia, el plano de santidad. Es el plano donde Dios prueba. No se vive de sentimentalismos, sino una vida de entrega sólida y madura.

Planos de Purificación y Reparación

Los planos cuarto, quinto y sexto son planos de purificación y reparación[5].

En capítulos precedentes hemos dicho que el hombre fue creado a Imagen y Semejanza de Dios, o sea, un ser trino a imagen de la Trinidad Divina, es decir, el alma como reflejo de Dios Padre; el entendimiento como expresión del Espíritu Santo y el cuerpo como imagen de Jesucristo. Cuando el hombre cae en pecado, para que su ser completo y trino pueda gozar de Dios, exige también purificación y reparación de todo su ser trino, y es aquí donde intervienen los planos siguientes:

Cuarto Plano


En este plano se purifican y reparan los pecados cometidos en el primer plano, “yo”, las faltas del “yo”, las ataduras, los pecados de la carne y los apetitos desordenados por cosas del mundo. Se purifican entonces todos los pecados y faltas del cuerpo. Aquí están todos los sacrificios de los sentidos: olfato, oído, vista, tacto y gusto. Ya se ha hecho mención de los sacrificios corporales que han practicado almas venerables y que la Iglesia ha elevado a los altares. Es un plano de muy alta santidad.

Quinto Plano

En este plano se purifican y reparan los pecados cometidos en el segundo plano, “yo y los demás”: todos los pecados que tienen que ver con los demás. Del mismo modo, este es el plano en que se purifican los pecados o faltas del entendimiento. La obediencia es una excelente forma de hacerlo. La fe que se debe imponer por encima de la lógica o la razón.

Sexto Plano

En este plano se purifican y reparan las faltas cometidas en el tercer plano, “Dios y los demás”: todos los pecados más sofisticados. Son los llamados “defectos de los santos". También aquí se purifican los pecados del alma. La llamada noche obscura del alma, la ausencia y soledad de Dios, que el Hijo también padeció en la cruz: “¿Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado?”[6]

Liberación de Ataduras y Defectos


Así pues, este plan de crecimiento incluye etapas de purificación y reparación. Es por esto que la Santísima Virgen invita a la penitencia, pues a través de la mortificación y el sacrificio se comienzan a reparar o purificar los pecados cometidos ya perdonados: “ayuno frecuente acompañado de abstinencia en el día sexto (…), vivir complacidos en una vida de alegrías sin fin, proporcionada por la gracia, pese a la cruz y el sufrimiento y tener una disposición amplia a la penitencia y al sacrificio. Para ayudar a mi Hijo a aliviar el peso de la cruz, les propongo que se sometan a la autodisciplina haciéndose partícipes de la purificación de la humanidad por la mortificación de los sentidos”.[7] Mientras más se purifique aquí en la tierra menos se tendrá que purgar luego. El purgatorio que se pasa aquí es más fácil que el de la otra vida. [8]

Cada vez que la persona se libera de ataduras y defectos, sube de un plano a otro. Cada liberación de los defectos o faltas de virtud, requiere un proceso de purificación y de reparación. No se pasa de un plano a otro automática o absolutamente. Esto es, se hacen algunas cosas que corresponden al plano tres, pero todavía quedan cosas del plano uno, como puede ser el amor posesivo y egoísta con los hijos o con el esposo. Se debe buscar purificar todo lo referente a los planos más bajos para llegar a una estabilidad o reafirmación en los planos más altos. Puede llegar el día en que se piense que se está totalmente desprendido de ataduras y se suba al plano tres. De hecho, cada vez que se libera una atadura, se está en el tercer plano. Entonces, lo que es necesario es purificar esa falta. Este proceso tiene dos fases:

a.- el intento de liberarse, que es la práctica y la liberación en sí, que se consigue con la purificación que provee la mortificación de los sentidos, y,

b.- la penitencia y el sacrificio que se hace para reparar la falta que eliminará la tendencia a reincidir en el pecado. Cuando ya se ha reparado ocurre la verdadera liberación del defecto o pecado, y se pasa a la elevación de espíritu que nos une más con Dios.

Este crecimiento espiritual a través de los siete planos es un ir y venir de un plano a otro. Debe haber una tendencia a subir, pero no se excluye la posibilidad de caer propiciada por la concupiscencia del ser humano. Sin embargo, debe llegar el momento en que haya una reafirmación en los planos superiores y las caídas no sean frecuentes, hasta que lleguen a minimizarse. Así es como se define básicamente la filosofía del crecimiento espiritual en la Misión de la Virgen del Rosario.

En resumen, se debe aprovechar el tiempo presente para avanzar en este proceso de purificación y crecimiento espiritual que definitivamente costará más tiempo y dolor en el purgatorio. Es el purgatorio, entonces, la gran misericordia de Dios, pues habiéndose acabado la oportunidad en el tiempo natural de merecer y purificar, Dios concede la oportunidad de reparar y pagar por los pecados y ofensas y así poder llegar al cielo.

El engaño del demonio es que los hombres no crean en el purgatorio que es el gran regalo de Dios. Después de la venida de Cristo, todos los que viven y mueren en gracia pueden aspirar a una vida eterna pues saben que aunque tengan una vida corta donde no hayan podido purificar y reparar por todos sus pecados, queda la esperanza del purgatorio, que es un seguro de vida para ir al cielo. No se debe temer hablar del purgatorio, pues es un estado donde se purifica con la esperanza de haber ganado el Reino de los Cielos. Aun cuando el purgatorio es la gran misericordia de Dios, como ya se ha dicho, no es bueno conformarse con esta esperanza, pues según es expresado por los grandes santos de la Iglesia como San Francisco de Asís, San Juan de la Cruz y Santa Catalina de Génova, es preferible purificar toda una vida en la tierra que un instante en el purgatorio.

[1] Se debe establecer una diferencia entre el “yo” como manifestación de falta de virtud y el “yo” como la expresión de la esencia de la personalidad humana de cada individuo. La primera debe ir transformándose hasta purificarse, en cambio la segunda, siempre se preserva porque Dios ha creado a todo ser humano, único e irrepetible.

[2] Mt 16,26.

[3] Mc 10, 21-22.

[4] El Papa Juan Pablo II perdonó por el atentado que sufrió en 1981 a Memet Ali Agca.

[5] Cfr. Catecismo de la Iglesia Católica # 1030, 1473; y Col 7,1 y Jn 3,3.

[6] Mt 27,46; Mc 15,34.

[7] Cuarto Mensaje.

[8] Y hay una razón simple y profunda, ya que cuando el hombre muere, su cuerpo se queda en la tierra, y sólo el alma y el entendimiento, si se salva uno, se van al purgatorio. ¿Entonces qué o quienes van a purificar los pecados del cuerpo si éste ya se quedó aquí abajo? Lo tendrán que realizar y purgar el alma y el entendimiento y eso es muy complicado y doblemente difícil, pues el cuerpo – a imagen del Hijo – es el que debiera asumir por principio esa función, pues mientras el cuerpo no se transforme debe purificarse, y eso ocasiona que las estancias en el purgatorio sean ordinariamente muy largas y terribles.

Extractos y Resumen de una parte del Capítulo VII, "Crecimiento Espiritual para Alcanzar la Plenitud" del libro: Un Mandato Venido de lo Alto.

Luis Eduardo López Padilla

Fuente: Apocalipsis mariano

viernes, 10 de abril de 2009

Santa Filomena: «Hija de luz»



Escrito por una religiosa de María Reina Inmaculada

Reimpresión de la revista Salve Regina

De todos los santos y santas que Dios ha levantado para los tiempos modernos, una posee especial atractivo tanto para jóvenes como adultos. Por muchos siglos, Dios mantuvo escondida la historia de esta santa como un tesoro precioso, pues sus reliquias yacían en lo profundo de las catacumbas romanas, su nombre estaba perdido en la oscuridad y era desconocida para la humanidad. Fue sólo en años recientes que Dios, en su omnisapiente Providencia, se dignó levantar el velo que cubría la resplandeciente belleza de su virtuosa alma; y la luz irradiada desde allí ha atravesado la espesa niebla de este mundo cargado de pecados. Su nombre es Filomena, la «hija de luz».

El 24 de mayo de 1802, la fiesta de María Auxilio de los cristianos, unos excavadores encontraron una pequeña cavidad desconocida en las catacumbas de santa Priscila. Fue un descubrimiento extraordinario, pues todas las reliquias en ese cementerio ya habían sido sacadas en el siglo decimosexto. Todo indicaba que la tumba se hallaba exactamente igual a cuando depositaron allí sus sagrados restos, hace siglos. La cripta estaba sellada con tres losas de terracota que llevaban la inscripción: Lumena — Pax Te — Cum Fi. Muy posiblemente, las losas fueron mal colocadas en la prisa por enterrarla, ya que, cuando se reacomodan, se lee en latín: Pax Tecum Filumena (la paz sea contigo Filumena). En las losas también estaban pintados con rojo vivo un ancla, dos flechas, una lanza, una palma y una liliácea, con lo cual parecía indicarse la tumba de una virgen mártir. Se puso fin a la excavación y se fijó la exhibición del sarcófago para el día siguiente.

Al abrir la tumba, se encontró el esqueleto de una jovencita de 12 ó 13 años, y cerca de su cabeza se hallaba un jarrón medio quebrado que contenía lo que luego resultó ser su sangre ya seca. Mientras los expertos transferían ciudadosamente esto último a una urna de cristal claro, quedaron sobresaltados por la aparición de hermosas gemas brillantes. El cardenal Ruffo Scilla, quien renovó los sellos del nuevo relicario tras la colocación de la sangre en una urna, declaró en la autentificación: «Y hemos visto su sangre transformarse en varias piedras preciosas y brillantes de varios colores...». Los innumerables prodigios operados por esta preciosa reliquia están, sin duda, entre las más grandes maravillas del mundo cristiano.

Los huesos, las cenizas y la sangre fueron exhumados y colocados con mucho cuidado en una caja de madera; luego de ser abierta, los expertos examinaron minuciosamente de nuevo los contenidos. Después se redactó una declaración jurada y fue firmada por doctores, teólogos, expertos en biología y física, así como jueces civiles y eclesiásticos. Las reliquias se transfirieron a una caja de ébano forrada de seda, la cual fue sellada en tres lados, y bajo la guardia de honor fue transportada solemnemente a la custodia del Vicario cardenal para esperar las órdenes del Papa para su depósito en una iglesia. A pesar de la naturaleza extraordinaria del milagro de la sangre, no hubo acción precipitada por parte de la Iglesia. Procediendo con su característica y sabia lentitud, inició una investigación jurídica.

Un día en 1805, un joven sacerdote, D. Francesco di Silva, entró al lugar sagrado donde descansaban los restos de trece mártires. Habiendo acompañado al obispo de Potenza en una visita a Roma, quizo ardientemente procurarse una reliquia para su parroquia durante su estancia. Al acercarse al lugar donde yacían los preciosos restos de la virgen-mártir, fue embargado de pronto por la emoción. La pequeña Filomena había reclamado su corazón, y, desde ese entonces, no le dio descanso al sacerdote hasta que sus reliquias estuvieran en su posesión. A pesar de los obstáculos aparentemente insuperables, poco después le dieron las reliquias al obispo de Potenza, quien a su vez las otorgó al joven sacerdote.
La traslación de las reliquias a la parroquia de D. Francesco en Mugnano, sucedió el 10 de agosto de 1805, y le acompañaron muchos milagros. El pueblito, donde la gente pronto se enamoró de Filomena, iba a sufrir un gran cambio. Su maravillosos poderes se manifestaron con milagros de todos tipos; se concedieron bendiciones en gran abundancia; la fe del pueblo se intensificó, y el santuario pronto se hizo famoso en todas partes por los maravillosos favores que ahí se concedían. El prodigio más importante fue el gran milagro de Mugnano: la curación de Pauline Marie Jaricot.

Hija de acaudalados padres franceses, Pauline Jaricot estaba dotada de belleza, inteligencia y una personalidad encantadora. A pesar de la fuerte atracción del mundo, el corazón de Pauline se inclinaba por las cosas del espíritu. Sin embargo, sólo después de una larga y dura batalla fue que la gracia alcanzó su triunfo final en su alma. La victoria resultó ser de gran valor para Dios, pues esta frágil jovencita vivió para convertirse en la fundadora de tres grandes organizaciones, cuyos frutos no tienen medida en esta vida: la Asociación del Rosario Viviente, la Sociedd para la Propagación de la Fe y la Asociación de la Santa Niñez.

En marzo de 1835, una dolencia, que hacía tiempo que Pauline sufría, se agravó mucho y debían tomarse medidas drásticas. La muerte no estaba lejos, y ahora su última ambición era visitar al Santo Padre para obtener la bendición por su obra. Si no fuera por la intercesión de Filomena, con quien llegó a familiarizarse tiempo atrás, Pauline no hubiera sobrevivido el largo viaje por carruaje. La muerte parecía perseguir los pasos de los cansados viajeros, pero Dios tenía planes para su sierva devota.

Pauline llegó a Roma en un estado de absoluto agotamiento. Fue la primera vez que admitió que ya no podía continuar, y dispuso que le cancelaran su audiencia con el Papa. Al escuchar esto, el mismo Gregorio XVI fue a visitar a esta jovencita que había hecho tanto por la Iglesia. Le agradeció reiteradamente por su trabajo y le pidió que rogara por él en el cielo. Luego Pauline preguntó: «Si regreso bien de mi visita a Mugnano y me voy a pie hasta el Vaticano, ¿se dignará Su Santidad en proceder sin demoras con la investigación en cuanto la causa de Filomena?». «Sí, sí, hija mía, pues eso en verdad sería un milagro de primera clase». Estaba convencido de que ya nunca la volvería a ver, pues todo indicaba que Pauline estaba muriendo.

Pero sí regresó; tras un mes de sufrimientos terribles, pudo hacer el viaje a Mugnano, donde fue curada en el santuario de las reliquias de Filomena. Su salud se había vuelto alarmante druante el viaje. La gente, aterrorizada por la apariencia esquelética de la niña, se reunió a su alrededor y la ensordecieron con sus súplicas a Filomena para que la curara. Sus dolores se habían vuelto tan intensos estando en su silla de minusválidos que se desplomó; todo mundo pensó que había muerto. Pero no era la muerte: el color regresó a sus pálidas mejillas, y en sus ojos llorosos se vislumbraba una paz celestial. Al darse cuenta de que Pauline estaba curada, la multitud se volvió loca de alegría y gritaban una y otra vez: ¡Un milagro! ¡Un milagro! ¡Viva santa Filomena!

Pauline emprendió su regreso a Roma y se presentó ante el Papa. Pero como él no había sido informado de su curación, quedó paralizado de alegría y asombro al ver en perfecta salud a la jovencita que poco antes se hallara al borde de la muerte. A fin de investigar minuciosamente su curación, ordenó a Pauline quedarse en Roma por un año, durante el cual le confirió muchos privilegios.

Aun cuando lo que él mismo declaró ser «un milagro de primera clase» le había llegado al alma, Gregorio no relajó en lo más mínimo las leyes rigurosas de los tribunales romanos. Sin embargo, cumpliendo con su promesa, al instante tomó medidas para ordenar que la Sagrada Congregación de Ritos iniciara una investigación a fondo por la causa de la santa. Todas las dificultades y dudas que impedían la aprobación de la Iglesia se resolvieron después de que los mejores expertos hubieran escudriñado toda la evidencia. Mientras tanto, las peticiones por parte del clero y los fieles para la canonización de Filomena inundaron Roma. En primer plano los obispos hacían llamados solicitando su causa. Todo el episcopado de Italia declaró que la niña Filomena era una santa. Durante dos años el Soberano Pontífice oró y meditó hasta que elevó a Filomena a la santidad. El 30 de enero de 1837, publicó el decreto que autorizaba la devoción y que concedía la celebración litúrgica de su fiesta con Misa en su honor. Llamó a la pequeña virgen-mártir «la obradora de milagros del siglo diecinueve».

El mayor prodigio relacionado con esta obradora de milagros se dice que fue la rapidez con que se extendió por todo el mundo su devoción. San Juan Vianney fue el que jugó un importantísimo papel en la promoción de dicha devoción. Entre sus clientes, también se encontraban san Madeleine-Sophie Barat, san Peter Chanel, y el Ven. Peter-Julien Eymard. A través de almas como éstas, la pequeña santa entraba a los corazones de millones en todo el mundo.

Pero ¿quién era santa Filomena? A pesar de las detalladas investigaciones, se halló muy poca información que diera a conocer su vida antes del martirio. En respuesta a las oraciones fervorosas de sus devotos, la santa reveló a tres personas diferentes la historia de su vida y martirio, la cual puede ser leída en el folleto Pax tecum Filumena. Según estas revelaciones, Filomena, que había hecho voto de virginidad a temprana edad, fue muerta por haber rehusado entrar en un matrimonio pecaminoso con un monarca rico y poderoso. Ni las súplicas de sus padres ni las ofertas de riqueza y dominio terrenal, ni los tormentos más aterradores pudieron hacer flaquear su determinación. Y aunque no estamos obligados a aceptar la revelación privada, hay que destacar que estas revelaciones corresponden sorprendentemente a los detalles ya conocidos acerca de la santa; y son extraordinarias, ya que las personas a las que les fueron reveladas vivieron en lugares distintos y no se conocían entre sí.

Desde que se encontraron su reliquias, Papa tras Papa la ha honrado públicamente y ha promovido una devoción personal hacia ella. El papa Gregorio XVI publicó el decreto de su canonización y la declaró ser «la gran obradora de milagros del siglo diecinueve», y después «la patrona del rosario viviente». El papa Pío IX fue quizá el más devoto de ella. La llamó «patrona de los hijos de María» y le concedió el privilegio extraordinario de un oficio propio. El santo papa Pío X, quien demostró una tierna devoción hacia ella, ordenó que las decisiones y decretos hechos por sus predecesores, en lo concerniente a la causa de la santa, no se alteraran en ninguna manera. El papa León XIII aprobó la Cofradía de santa Filomena y luego la elevó a la categoría de archicofradía.

Es trágico que a pesar de estas declaraciones de los Santos Padres, ahora se esté diciendo en todas partes que santa Filomena no existió, que no fue virgen-mártir ni santa, sino una mera leyenda. Los actos de canonización de tal manera forman parte del oficio docente del papado que han sido considerados por mucho tiempo como actos infalibles. Por los dictámenes de la Santa Madre Iglesia, apoyados por evidencia científica y por los milagros obrados a través de la intercesión de la santa, sabemos que Filomena sí existió. A pesar de los esfuerzos por desacreditar su nombre, la pequeña santa continúa mostrando su maravilloso poder de intercesión allá en el cielo. En efecto, son más los que nos escriben para saber algo acerca de santa Filomena que cualquier otro santo. Una tal carta dice así: «Nuestra Iglesia una vez fue nombrada por santa Filomena, pero ahora nos dicen que nunca existió... No obstante yo he recibido tantos favores maravillosos por parte de ella...».

Sí, aún hoy no hay ni una clase de gente a la que santa Filomena no ayude de manera muy especial. Ama a los niños con un cariño muy tierno; auxilia a los religiosos en sus labores para la Iglesia; ayuda a los enfermos y moribundos; es invocada para los partos felices; es de gran ayuda en la causa de la educación religiosa y tiene un amor especial por las misiones. Los pobres, los necesitados, los afligidos, los enfermos, todos ellos encuentran solaz y consuelo a sus pies. Como una vela en una mesa, como una ciudad sentada en una montaña que no puede ser ocultada, santa Filomena, la hija de luz, continúa bañandonos con su dulce luz celestial en medio de la penumbra de este mundo pecaminoso...

Oración a Santa Filomena.

El Santo Cura de Ars, tenia una gran devoción a Santa Filomena, es
por eso que les comparto estas bellas oraciones, encomendémonos a su
intecesión, ella nos alcanzará las gracias que tanto necesitamos.

¡Oh Gloriosa Santa Filomena, Virgen y Mártir!, ejemplo de fe y
esperanza, generosa en la caridad, a Vos suplico, escuchad mi
oración. Desde el cielo donde reináis, haced caer sobre mi toda la
protección y auxilio que necesito en este momento en que mis fuerzas
enflaquecen. Vos que sois tan poderosa junto a Dios, interceded por
mi y alcánzadme la gracia que os pido (mencione la gracia que desea
recibir).
¡Oh Santa Filomena!, ilustre por tantos milagros, rogad por mí. No me
abandonéis, jamás dejéis de mirar como un rayo de esperanza sobre mí
y mi familia. Apartad de mí las tentaciones, dad paz a mi alma y
bendecid mi casa. ¡Oh Santa Filomena!, por la sangre que derramasteis
por amor a Jesucristo, alcánzadme la gracia que os pido (repita ahora
su petición).

Rezar un Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Santa Filomena, ayúdadme a alcanzar la gracia. Te prometo que seré tu
devoto y que manifestaré a otros necesitados lo milagrosa y bondadosa
que eres. Amén.

ORACIÓN II


Fiel y gloriosa Virgen, que desde el cielo, donde reposas, derramas
sobre la tierra tantas finezas: bendigo al Señor por la gloria y el
poder con que te corona hoy día. Dígnate, amable santa, hacer que yo
sienta los efectos de tu amparo y logre todas las gracias que tanto
necesito. Amén. ¡Oh Dios, bendito seáis eternamente en vuestros
santos!

ORACIÓN DE SÚPLICA

Postrado ante vuestros pies, oh grande y gloriosa Santa, vengo a
presentarte mi fervorosa oración; acógela benignamente y obténme las
gracias que me son necesarias.Tengo un corazón atribulado. Siento
fuertes los golpes del dolor. La desventura me oprime. Recurro, pues,
a vuestro auxilio. Ayúdame y mira mi oración.
Santa Filomena, ruega por mí.

Gloria al Padre ...

Fatigado y sin consuelo, privado de esperanza, sólo y oprimido por
las tribulaciones, espero ser por Vos atendido.
Santa Filomena, ruega por mí.

Gloria al Padre ...

Reconozco que fueron mis grandes pecados la causa de tantas
desventuras. Obténme de Jesús lo perdido y abrázame en su santo amor.
Santa Filomena, ruega por mí.

Gloria al Padre ...

Ve cuántas gracias me son necesarias y no me abandonéis. Vos que sois
tan poderosa junto a Dios aleja de mí la tristeza y la desolación, da
paz a mi alma, protégeme de los peligros y líbrame de los castigos
del Señor; bendice a mi casa, a mi familia, a tus fieles devotos y
alcánzame la gracia que necesito (mencionar la gracia).

Gloriosa Santa Filomena, no me abandones y ruega por mí.
Gloria al Padre ...
Por vuestros sufrimientos, alcánzanos de Dios la misericordia. Amén.

¡Oh Gloriosa Santa Filomena, Virgen y Mártir!, ejemplo de fe y esperanza,
generosa en la caridad, a Vos suplico, escuchad mi
oración. Desde el cielo donde reináis, haced caer sobre mi toda la
protección y auxilio que necesito en este momento en que mis fuerzas
enflaquecen. Vos que sois tan poderosa junto a Dios, interceded por
mi y alcánzadme la gracia que os pido (mencione la gracia que desea
recibir).

¡Oh Santa Filomena!, ilustre por tantos milagros, rogad por mí. No me
abandonéis, jamás dejéis de mirar como un rayo de esperanza sobre mí
y mi familia. Apartad de mí las tentaciones, dad paz a mi alma y
bendecid mi casa. ¡Oh Santa Filomena!, por la sangre que derramasteis
por amor a Jesucristo, alcánzadme la gracia que os pido (repita ahora
su petición).

Rezar un Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Santa Filomena, ayúdadme a alcanzar la gracia. Te prometo que seré tu
devoto y que manifestaré a otros necesitados lo milagrosa y bondadosa
que eres. Amén.

¡Santa Filomena, gracias por Gran favor concedido! Ora pro nobis

miércoles, 8 de abril de 2009

UN PROGRAMA DE VIDA CRISTIANA

Lo primero es amar a Dios y si de veras le amas, "haz lo que quieras", porque es seguro que evitarás el pecado, o sea, el único mal verdadero que puede haber en la tierra. Evitarás el pecado mortal, y aun el venial deliberado y las ocasiones de pecar.

Cada día,

*Si puedes, oye la santa Misa todos los días y comulga en ella
*Ten a diario un ratito, si quiera 5 minutos de oración mental o meditación.
*Reza el santo Rosario, rézalo en familia.
*Lee a diario alguna página de algún libro bueno e instructivo

Cada semana.

*Descansa el domingo, porque lo manda Dios y la Iglesia; porque lo necesitan tu alma y tu cuerpo.
*Oye misa y sermón todos los días festivos, y lee en esos días algún libro religioso y espiritual.

Cada mes.

*Confiesa y comulga por lo menos cada mes.

Cada año.

*Bien te vendrían Ejercicios Espirituales.
*Confiésate y comulga por Pascua, pero no por mero cumplimiento. En Iberoamérica este período empieza el Domingo de Septuagésima y termina el 29 de junio.
*Observa los ayunos y abstinencias de la Santa Madre Iglesia.

¡Siempre!

*Vive siempre como quieras morir.

Finalmente, oye a Santa Teresa que te dice:

"Acuérdate que no tienes más que un alma - ni has de morir más que una vez - ni tienes más de una vida breve... ni hay más de una gloria, y esta eterna; y darás de mano a muchas cosas.

Tu deseo sea de ver a Dios - tu temor, si no le has de perder - tu dolor, que no le gozas - y tu gozo, de lo que te puede llevar allá; y vivirás con gran paz."

El Triduo Pascual: notas históricas


Traducción del artículo publicado por el Padre Matias Augé sobre la historia del Sagrado Triduo Pascual.

***

Los primeros testimonios explícitos de la celebración anual de la Pascua son de la mitad del siglo II y provienen de las Iglesias de Asia Menor que celebraban la Pascua el 14 de Nisán, día en que los judíos tenían prescrito inmolar los corderos. Estos cristianos, llamados precisamente “cuartodecimanos”, convencidos de que la muerte de Cristo había sustituido el Pesah judaico, celebraban la Pascua ayunando el 14 de Nisán y terminaban el ayuno con la celebración eucarística que tenía lugar al final de la vigilia nocturna entre el 14 y el 15 de Nisán. Las otras iglesias, guiadas por Roma, celebraban la Pascua el domingo después del 14 de Nisán.

Eusebio de Cesarea (+ 339-490) nos informa en su Historia Eclesiástica (5, 23-25) que esta diversidad de fechas provocó una seria controversia entre Roma y las Iglesias del Asia Menor, polémica que llegó a su culmen en tiempos del papa Víctor (193-203). La controversia no consistía en el dilema de si la Pascua recuerda la muerte o si en cambio recuerda la resurrección de Cristo sino en el dilema de si la Pascua debía ser celebrada en el día de la muerte o en el día de la resurrección de Cristo. Es de notar que, en el curso del siglo III, se impone la fecha dominical de la Pascua.

Las más antiguas fuentes que testimonian la celebración anual de la Pascua provienen del área del Asia Menor y son: la Epístola de los Apóstoles, texto apócrifo escrito en torno al 150; la homilía Sobre la Pascua de Melitón de Sardes, del año 165 aproximadamente; una homilía Sobre la Santa Pascua de un Anónimo cuartodecimano de fines del siglo II; más otros textos menores. En estos documentos, la celebración de la Pascua se presenta esencialmente como un ayuno riguroso, generalmente de dos o tres días, seguidos de una asamblea nocturna de oración y lecturas (aparece la lectura de Ex. 12: la inmolación del cordero pascual), concluida luego por la celebración eucarística.

En Occidente, los testimonios sobre las celebraciones pascuales son escasos en los primeros cuatro siglos; luego, en cambio, en los siglos V-VII, son más abundantes. San Ambrosio (+397) y san Agustín (+430) hablan del “triduo sacro” (o “sacratísimo”) para indicar los días en que Cristo ha sufrido, ha reposado en el sepulcro y ha resucitado. En cuanto a la celebración del Triduo sacro en Roma, cerca del año 416, una carta del papa Inocencio I al obispo Decenzio de Gubbio, aunque no habla de “triduo”, menciona una celebración especial de la pasión el viernes y de la resurrección el domingo, y también el ayuno del viernes y del sábado. Este mismo documento testimonia que el jueves antes de Pascua no hacía referencia alguna al Triduo sacro pero era el día de la reconciliación de los penitentes. Luego, en el siglo VII, la reconciliación de los penitentes es insertada en el marco de una Misa matutina celebrada en los Títulos romanos (cfr. Sacramentario Gelasiano, nn. 352-367). El mismo Gelasiano (nn. 391-394) es testigo de una segunda Misa, que inicia desde el ofertorio, celebrada en la tarde del jueves en los Títulos, cuyo tema central es la doble “entrega” (= traditio): la entrega que Judas hace de Jesús a sus enemigos, y la entrega que Jesús hace de sí mismo a los discípulos en la Eucaristía. En la Basílica lateranense, en cambio, el Papa celebra a mediodía una Misa conmemorativa de la Cena del Señor, en el curso de la cual son bendecidos el crisma y los oleos (cfr. Gelasiano, nn. 375-390; Gregoriano nn. 328-337).

El Pontifical Romano-germánico del siglo X conoce sólo la Misa crismal (n. XCIX, 222) y la de la tarde (n. XCIX, 252) anticipada ya a la hora tercia, y coloca la reconciliación de los penitentes antes de la Misa crismal (n. XCIX, 224). Los libros litúrgicos del siglo XIII y el Misal Romano pos-tridentino de 1570 tienen sólo el formulario correspondiente a la Misa que recuerda la institución eucarística. La confección del crisma y la bendición de los óleos tienen lugar en las catedrales y son reportadas por los Pontificales (cfr. Pontifical Romano de 1596, Parte III). En el siglo XVI, la única Misa del Jueves santo ya ha sido anticipada a la mañana. Con respecto a la conservación y adoración del Santísimo Sacramento en el Jueves santo, las primeras manifestaciones las encontramos en los siglos XII-XIII (recordemos que en 1264 Urbano II instituyó la fiesta del “Corpus Domini”). La centralidad que progresivamente adquiere la adoración de las especies sacramentales en la piedad del pueblo cristiano es uno de los elementos decisivos que hará del Jueves santo un día del Triduo sacro.

El Viernes santo en Roma, en el siglo V, según las homilías de san León y la ya citada carta del papa Inocencio I, se celebra exclusivamente una liturgia de la Palabra. A mitad del siglo VII, la liturgia papal nos ha transmitido sólo las oraciones solemnes que pertenecen a la liturgia de la Palabra (cfr. Gregoriano, nn. 338-355). En la misma época, en las iglesias presbiterales de los Títulos, la liturgia de la Palabra es unida a la adoración de la Cruz y a la comunión de todos los participantes con pan y vino consagrados el día anterior (cfr. Gelasiano, nn. 395-418). En los libros litúrgicos de la alta Edad Media, la comunión no es practicada siempre. En los libros litúrgicos del siglo XIII, está prescrita sólo la comunión del Pontífice. Surgirá así la costumbre que reservará la comunión únicamente al presidente de la celebración. Esta norma pasa al Misal de Pío V de 1570 y permanece en vigor hasta la reforma de Pío XII de 1956, que permitirá de nuevo la comunión de todos los participantes.

El Sábado santo fue originariamente un día alitúrgico, dedicado a la oración, a la penitencia y al ayuno.

Momento culminante y núcleo del que ha nacido el Triduo Sacro es la Vigila pascual. En el siglo VII, tiene una rica estructura ritual basada en tres elementos fundamentales: celebración de la Palabra, celebración del bautismo y celebración eucarística (para la liturgia papal: Gregoriano, nn. 362-382; para la liturgia de los Títulos presbiterales: Gelasiano, nn. 425-462). Es de notar que la liturgia de los Títulos inicia con el encendido y bendición del cirio pascual, rito que es acogido sólo más tarde en la liturgia papal. La celebración de la Vigilia tiende cada vez más a anticiparse a las horas de la tarde hasta que con el Misal de Pío V de 1570 es fijada en la mañana del sábado. En este contexto, aparece y se consolida la Misa del domingo de Pascua: el Gelasiano (nn. 463-467) y el Gregoriano (nn. 383-391) ofrecen cada uno un formulario dominical en el cual la resurrección es presentada como parte del único misterio pascual. Las fuentes posteriores hablarán ya de domingo “de Resurrección”. Respecto al ordenamiento de las lecturas bíblicas de la Vigilia pascual, los autores no están de acuerdo en la interpretación de los datos provistos por los antiguos Leccionarios y Sacramentarios. Según la opinión más común, la antigua liturgia romana conocía dos esquemas de lecturas: uno que forma parte del Gregoriano (nn. 36-372) con cuatro lecturas del Antiguo Testamento más dos del Nuevo, y otro que forma parte del Gelasiano (nn. 431-443) con diez lecturas del Antiguo Testamento más dos del Nuevo. Posteriormente, en el Misal Romano de 1570, las lecturas llegarán a ser hasta doce del Antiguo Testamento más dos del Nuevo. La reforma de Pío XII de 1956 reduce las lecturas y conserva las dos del Nuevo (Col. 3, 1-4; Mt. 28, 1-7).

El Triduo Sacro forma parte de lo que hoy llamamos Semana Santa, la cual tenía ya en los siglos VI-VII su propia personalidad celebrativa, cuyo núcleo central es la pasión del Señor, tema que en los antiguos Sacramentarios da el nombre al domingo que precede al de Pascua. El rito de los Olivos, que en Jerusalén caracterizaba este domingo en la segunda parte del siglo IV, llegará a Roma sólo a fines del siglo X.

Concluyendo, notamos que en el progresar del medioevo se verifican algunos desarrollos en la celebración del Triduo Sacro que resquebrajarán cada vez más la armonía y unidad primitivas. Se verifica sobre todo una cierta descomposición de la unidad teológica de la pasión-muerte-resurrección en beneficio de la pasión-muerte del Señor que, entre otras cosas, se puede “representar” mejor. Surge además una tendencia a hacer la liturgia drama sagrado en la misma acción litúrgica y en las manifestaciones folklóricas que la acompañan y prolongan.

***

Fuente: Messainlatino.it

Traducción: La Buhardilla de Jerónimo

domingo, 5 de abril de 2009

Experimentemos con diversas formas de matrimonio


Una de las cosas que más estoy repitiendo en los últimos días a distintos tipos de personas es la naturaleza intrínseca del matrimonio.

Sólo si el otro está dispuesto a estar contigo toda la vida, pase lo que pase, estés enfermo o sano, tengas mejor carácter o peor, tú puedes hacer lo mismo.

Uno no se puede dar del todo si el otro cónyuge no lo tiene claro.

Hasta el día antes del matrimonio uno puede echarse atrás. Pero una vez que se da el sí quiero, ya no puede haber condiciones.

No puede ser que uno rechace las tentaciones, y que el cónyuge le diga cuando a uno cuando tiene ya cuarenta o cincuenta años: perdona, pero me lo he pensado mejor, he encontrado a otra persona.

Aquí no vale decir: es que el amor es loco.

Puede ser todo lo loco que quieras, pero teníamos un compromiso, le podría responder el otro.

Como se ve, la convivencia mientras dure el amor, es no darse del todo, es admitir el derecho a bajarse del tren.

No hace falta tener una bola de cristal, para darse cuenta de que las uniones condicionales mientras el entusiasmo dure, están llamadas a fracasar en su mayor parte. Eso siempre ha sido así, y seguirá siendo así. El entusiasmo entre los seres humanos se acaba con facilidad.

Sea dicho de paso, la foto que hoy he puesto es todo un sermón sobre el matrimonio. Se nota que el novio que besa al padre de la novia, no va al matrimonio a probar, a ver cómo sale la cosa. Ese chico, se le nota, quiere unir su destino en la tierra para siempre a ella. No hace falta que diga nada, la escena lo dice todo.

P. José Antonio Fortea Cucurull, sacerdote exorcista

Fuente: Blog del P. Fortea

Buscar una falsa unidad es trabajar contra la Fe

El Cruzado publica este artículo de la página católica Tradition in Action.

Traducción: El Cruzado

Hoy en día, cuando vemos a tantos católicos tentados a comprometerse con el progresismo presentado en atuendos tradicionalistas, parece oportuno recordar la enseñanza de un gran santo, San Hilario de Poitiers, quien enfrentó una situación similar.
Cuando el emperador de Bizancio, Constancio, obligó a todos los Obispos a firmar una fórmula Semiarrianista, la resistencia a tal herético ataque fue sostenida por San Atanasio en el Este y San Hilario en el Oeste. La acusación de San Hilario contra Constancio puede ayudar a fomentar a los católicos de hoy a no renunciar a la posición correcta.
San Hilario fue obispo de Poitiers, Francia, desde el año 353 hasta el 368. En su trabajo, Libro en contra de Constancio, pronuncia que el emperador hizo maniobras engañosas similares a las del Anticristo. Sus oportunas palabras a continuación:



San Hilario de Poitiers:

"Hoy tenemos que luchar contra un perseguidor encubierto, contra un enemigo que nos halaga y se mueve a nuestro favor, es decir, en contra de Constancio, el Anticristo, que no masacra a sus víctimas con el fin de darles verdadera vida [mediante el martirio], sino que abruma con las riquezas, a fin de darles la muerte. Él no disputa del temor a ser derrotado, sino que halaga con el fin de dominar. Confiesa a Cristo, a fin de renegarlo. El busca una falsa unidad a fin de que no haya verdadera paz. Él persigue ciertos errores para destruir la doctrina de Cristo. El rinde homenaje a los obispos para que dejen de ser obispos. Él construye iglesias al mismo tiempo que destruye la fe.

Dejen que cesen de acusarme de detracción y calumnia, porque el deber de los Ministros de la Verdad es hablar lo que es la verdad. Si decimos cosas falsas, permitiremos que nuestras palabras sean llamadas infames, pero si demostramos que todo lo que decimos es cierto, entonces no superaremos la libertad y la modestia de los Apóstoles; nosotros no acusaremos sin antes haber meditado largo tiempo lo que tenemos que decir.

Ahora, entonces, os digo en voz alta y clara, Constancio, lo que yo hubiera dicho a Nerón, lo que Decio y Maximiano hubieran oído de mi boca: Usted lucha en contra de Dios, usted oprime a la Iglesia, usted persigue a los santos, usted odia a los predicadores de Cristo, usted extirpa la religión. Usted, si no es un tirano en las cosas humanas, al menos lo es en los divino. He aquí lo que digo en común para usted y para ellos: escuche lo que ahora se aplica a usted. Bajo la máscara de un cristiano, usted es un nuevo enemigo de Cristo, un precursor del anticristo, ya está trabajando en sus pérfidas hazañas.

Usted, el más cruel de todos los tiranos, atáquenos con el mayor peligro posible para nosotros mismos. ¡Oh, el más criminal de los hombres! ¡Somos conscientes de que bajo su piel de cordero hay un lobo rapaz! Con el oro del Estado, usted adorna el santuario de Dios, usted ofrece a Dios lo que roba de los templos de los gentiles, lo que extrae de sus leyes e impuestos. Recibe a los obispos con el mismo beso con el que Cristo fue traicionado. Usted rebaja la cabeza para las bendiciones, pero sus pies se posan sobre la fe. Usted perdona los impuestos del clero con el fin de hacerlos negar su Credo. Usted renuncia a sus derechos con el fin de hacer que Dios pierda los suyos."

(Libro contra Constancio, P.L., X, c 577-587, apud Prosper Guéranger, L'Année Liturgique, ed. 1948, vol. 1, p. 609)