martes, 19 de octubre de 2021

TODOS NUESTROS PAÍSES REPUBLICANOS HISPANOAMERICANOS NACIERON DEL PECADO Y DE LA REBELIÓN, ¿QUÉ PODRÍAMOS ESPERAR?

De lo malo nada bueno sale, tarde o temprano el fruto es amargo. La independencia administrativa venía como efecto natural, el bebé estaba creciendo en el vientre de su madre, pero los malvados movidos por intereses foráneos apuraron su alumbramiento, haciendo que el bebé no naciera fuerte y grande por una independencia forzada. Hasta el día de hoy se sufren las consecuencias.

Si las Españas hubieran nacido de un modo normal hoy seríamos la potencia mundial, la Hispanidad marcaría la pauta y la agenda y su huella estaría marcada por la Cruz de Cristo y las banderas de Cristo Rey. Sin embargo, los enemigos de Cristo separaron a los hijos de su Madre y los dejaron huérfanos de su amor y cuidado. 

Presentamos a vuestra lectura el Breve de S.S. Pío VII Etsi longissimo donde ruega que no se lleve a cabo la independencia sediciosa contra el Padre común, el Rey de las Españas.

Nuestro prócer General don José Miguel Carrera Verdugo quería un Chile sujeto al Rey con sólo independencia administrativa, pero los intereses judeo-anglo-masónicos estaban decididos a dividir y destruir el Imperio Español católico, único escollo para su dominio de poder mundial Ateo, Materialista y Neopagano.

Que Dios nos haga justicia.

El editor.



Su Santidad Pío VII (1742- 1823)


Breve
Etsi longissimo

(Roma, 30 de enero de 1816)

A los Venerables Hermanos Arzobispos y Obispos, y a los amados Hijos del Clero de la América Católica sometidos al Rey de España.

Venerables Hermanos e Hijos amados, saludos.

Aunque estáis separados de Nosotros por un inmenso espacio de tierras y mares, sin embargo son bien conocidos, Venerables Hermanos e Hijos amados, vuestra piedad y vuestro celo en la práctica y predicación de la Religión.

Puesto que entre los excelentes y principales preceptos de la Santísima Religión que profesamos está el que prescribe la sumisión de cada alma a las autoridades superiores, tenemos por cierto que en los movimientos sediciosos, tan dolorosos para Nuestro corazón, que se han desarrollado en en estas regiones, habéis sido asiduos consejeros de vuestro rebaño y habéis condenado las sediciones con espíritu firme y justo.

Sin embargo, dado que en la tierra somos representantes de Aquel que es el Dios de la paz y que, nacido para redimir a la humanidad de la tiranía del diablo, quiso anunciar la paz a los hombres a través de sus ángeles, hemos creído que es precisamente por esa función apostólica que, aunque sin mérito, ejercemos, el exhortarlos aún más con esta carta nuestra a no descuidar los esfuerzos por erradicar y destruir por completo la mala hierba más fatal de las revueltas y sediciones que un hombre enemigo ha sembrado allí.

Lo cual obtendrán fácilmente, Venerables Hermanos, si cada uno de ustedes, con todo el celo posible, pone ante los ojos de su rebaño el gravísimo y terrible daño derivado de la rebelión; si ilustra las singulares y atroces virtudes de nuestro querido hijo en Cristo Fernando, rey católico de España y vuestro, para quien nada es más precioso que la religión y la felicidad de sus súbditos; y, finalmente, si ilustran los ejemplos sublimes e inmortales que los españoles dieron a Europa, que no dudaron en sacrificar sus vidas y fortunas para probarse testigos de la Religión y de su lealtad al Rey.

Por eso, Venerables Hermanos e Hijos amados, procurad estar dispuestos a cumplir Nuestras exhortaciones paternas y Nuestros deseos, recomendando la obediencia y fidelidad a vuestro Rey con el mayor compromiso: sed dignos de los pueblos confiados a vuestra custodia; aumenta el cariño que Nosotros y tu Rey ya te profesamos, y por tus esfuerzos y labores obtendrás en el cielo la recompensa prometida por Aquel que llama a los apacibles bienaventurados e hijos de Dios.

Mientras tanto, con los felices deseos de tan ilustre y fecundo compromiso, os impartimos con amor, Venerables Hermanos e Hijos amados, la Bendición Apostólica.

Dado en Roma, junto a Santa Maria Maggiore, bajo el anillo del Pescador, el 30 de enero de 1816, decimosexto año de Nuestro Pontificado.

Papa Pío VII  

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Compártanos sus comentarios